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Opinión Firmas Agustín Blanco Muñoz Dos libros para el s. XXI

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AGUSTÍN BLANCO MUÑOZ | 14/07/2012 01:05:52 a.m.
Dos libros para el s. XXI
Dos voces se juntan en una acción común: comprender este expaís y actuar sobre él para cambiarlo.
Dos testimonios servidos en el siglo pasado, que se convierten en dos obras del s. XXI: Venezuela un país podrido. Habla Elías Manuitt Camero, y El siglo que yo viví. Habla Miguel Acosta Saignes. En esas raíces podemos encontrar los pasos que nos conducen a este duro presente.

MAS permanentemente busca respuestas al de dónde venimos y hacia dónde vamos. El por qué del abismo-catástrofe y la falta de perspectivas como sociedad. 

Se proponía descifrar los arcanos de lo venezolano, hasta entonces explicado sólo por el romanticismo y el positivismo. Y a partir de la influencia marxista, la nueva escuela se plantea otra interpretación de la historia. 

Fue activista contra la tiranía gomecista y preso en el castillo de Puerto Cabello, donde fue uno de los alumnos de la "Cátedra de Idealidad Avanzada" de Pío Tamayo.

Fue un duro crítico del gomecismo sin Gómez, miembro fundador de la Asociación de Escritores de Venezuela y dirigente del PRP. Y pronto fue aventado a una década de exilio en México, donde se formó como antropólogo e investigador. 

A su regreso, se concentra en la actividad docente e investigativa. Se planteó hacer la historia del pueblo, pero en el camino se topó con Bolívar, el hombre y sus vicisitudes, quien lo atrapó.

MAS fue además etnólogo, historiador, sociólogo, periodista, geógrafo, político, y militante en las nuevas ideas. Sin embargo, su gran angustia fue todo lo que quiso y no pudo concluir. 

E. Manuitt C. enfrentó la violencia de una supuesta democracia y se hizo guerrillero. Durante cinco años estuvo en el Frente "José Leonardo Chirinos". De allí, y en medio de la derrota, se va a Cuba a trabajar como internacionalista. A fines de los 70 regresa a Ocumare del Tuy. Traía una inmensa carga de frustración, angustia y soledad. Y su arma de guerrillero le sirvió esta vez para acabar con su propio vivir.

Su testimonio es la mayor evidencia de una lucha derrotada por un enemigo poderoso y por su propia incoherencia y vacío. Y su sentencia es terminante: este es un país podrido. Y aún es así.

Ambos libros constituyen aportes para repensar esta realidad. Y su lectura contribuye a sentar las bases de una historia distinta. Sancho, ¡los libros que son vidas no perecen! 
Historiador


 
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