La declaración es, como mínimo, sorprendente. La filosofía marxista centró su crítica a la educación en el hecho de que el sistema educativo capitalista no cumplía con su función de igualar las oportunidades y promover la emancipación y la liberación de los desposeídos. Criticaban que lo que efectivamente se lograba con la educación era reproducir las desigualdades y dejar intacta la estructura injusta de las clases sociales. Por tal razón se consideraba a la educación como uno de los aparatos ideológicos del estado capitalista. Destinado pues a impedir la producción de justicia social. Entre los autores que difundieron estas ideas destacan Louis Althusser (Los aparatos ideológicos del Estado), P. Bourdieu y J. C. Passeron (La Reproducción) y Baudelot y Establet (La escuela capitalista en Francia).
Las críticas del marxismo del siglo XX a la escuela capitalista eran eso, críticas. El planteamiento era que no debía usarse el sistema educativo para imponer una ideología ni para reproducir una estructura social heredada. Al contrario, la educación debía servir para que las oportunidades de progreso y de emancipación social fueran idénticas para todas las personas, independientemente de su origen social. Era una crítica con fundamento que generó mucha reflexión y muchos cambios. Hoy, ya después de culminado el siglo XX y la primera década del XXI, es mucho lo que se ha avanzado y mejorado. Ya está claro, por ejemplo, que la educación debe y puede producir movilidad social. Y efectivamente en Venezuela, esa movilidad ha sido vivida por muchas familias cuyos abuelos estudiaron mucho menos que sus nietos y el promedio de años de escolaridad de toda la población se ha triplicado en los últimos 40 años. También ha mejorado el pluralismo de ideas en el sistema educativo. En Educación Media se estudian todas las corrientes políticas desde la democracia cristiana hasta el marxismo en los últimos años de educación Media, y esto desde la década del 70 del siglo pasado. Y este gobierno está conformado por ministros y altos ejecutivos que se formaron en el socialismo, gracias al pluralismo de la educación democrática. La democracia es eso: permitir que todos conozcan las ideas y las religiones que la humanidad ha producido y que, llegado el momento, cada persona decida y opte por la que más le agrade.
Todavía hay que mejorar mucho más. La justicia social que debería producir el sistema educativo, aún no ha sido posible para todos. 40% de quienes se matriculan en primer grado quedan fuera del sistema educativo más adelante, durante su trayectoria escolar. Y, lamentablemente, quienes quedan así excluidos son los más pobres. De modo que es muy infortunado decir que ahora se va a imponer la ideología socialista. Primero porque eso atenta contra los fines de la educación y más importante aún, porque a lo que hay que dedicarse es a lograr que el sistema educativo cumpla con su misión más importante que es producir justicia social. La educación no está para ser un aparato ideológico. El propio marxismo criticaba que lo fuera. Está para ofrecer oportunidades idénticas para todos, independientemente de su origen social y de las opciones ideológicas. Está para liberar a las personas de la pobreza material y de la pobreza de ideas.