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Tres poemas de Ramón Palomares

Por cumplirse un año del sensible fallecimiento de este poeta trujillano, compartimos tres poemas
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Ramón Palomares nació en Escuque, Venezuela, el 7 de mayo de 1935. Uno de las grandes poetas actuales en lengua castellana. Maestro y especialista en lenguas clásicas. Personaje central del grupo Sardio y de El techo de la ballena, expresión de la vanguardia poética en su país.

En ocasión de cumplirse este 4 de marzo un año de la muerte de este destacado literato: acá le dejamos tres poemas:

Más allá de nosotros

Conversaciones que venían

Hoscas

Buscándonos

Gentes del sueño y Gentes del Viento

Árboles ventosos y golpes en el corazón

Y al cabo estábamos volando

conversando

Árboles ya y gentes del sueño y vientos

(con el alma errada y un errante árbol

Furiosos, Incorpóreos,

dando vueltas en torno a la vida

y desentrañándonos

desentrañándonos

Más allá de nosotros.

Pajarito que venís tan cansado

Pajarito que venís tan cansado

y que te arrecostás en la piedra de beber

Decíme. ¿No sos Polimnia?

Toda la tarde estuvo mirándome desde No sé dónde

Toda la tarde

Y ahora que te veo caigo en cuenta

Venís a consolarme

Vos que siempre estuviste para consolar

Te figurás ahora un pájaro

Ah pájaro esponjadito

Mansamente en la piedra y por la yerbita te acercás

‘Yo soy Polimnia’

–Y con razón que una luz de resucitados ha caído aquí mismo

Polimnia riéndote

Polimnia echándome la bendición

Una forma de ser

Aquí llega el noche

el que tiene las estrellas en las uñas,

con caminar furioso y perros entre las piernas

alzando los brazos como relámpago

abriendo los cedros

echando las ramas sobre sí,

muy lejos.

Entra como si fuera un hombre a caballo

y pasa por el zaguán

sacudiéndose la tormenta.

Y se desmonta y comienza a averiguar

y hace memoria y extiende los ojos.

Mira los pueblos que están

unos en laderas y otros agachados en los barrancos

y entra en las casas

viendo como están las mujeres

y repasa las iglesias por las sacristías y los campanarios

espantando cuando pisa en las escaleras.

Y se sienta sobre las piedras

averiguando sin paz.