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Ahora sí que le cortaron las alas al “Papi Canilla”

Dos de los soldados revisaban sus teléfonos celulares, otro leía un periódico viejo, mientras los tres restantes se acomodaban en sus sillas plásticas, las cuales parecían haberse endurecido
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Wilmer Poleo.- Los efectivos militares estaban como aletargados, quizás porque aquella tarde había hecho más sol que lo normal, o tal vez porque no había ocurrido nada interesante durante todo el día. Dos perros se habían acomodado amorochados bajo un árbol y dormían plácidamente y es probable que hasta soñaban con algo desconocido, pues uno de ellos parecía como si se estuviese riendo.

Dos de los soldados revisaban sus teléfonos celulares, otro leía un periódico viejo, mientras los tres restantes se acomodaban en sus sillas plásticas, las cuales parecían haberse endurecido.

Aquel punto de Control Móvil en El Escondido, municipio Guajira, en el eje carretero Guana-Carretal, estaba ubicado a tan solo unos cinco minutos de Colombia y allí estaban acantonados efectivos militares adscritos al Grupo de Tarea Conjunta Nº 1 del Zodi-Zulia del Ejército. No podían dormirse en los laureles y ellos lo sabían. Quizás fue por eso que todos se levantaron sobresaltados cuando vieron venir aquella caravana de automóviles por la carretera. Se podían contar hasta veinte autos. Hasta los dos perros que dormitaban se despertaron sobresaltados y se fueron trotandito hacia la parte de atrás.

Fusil en mano, los efectivos se desplegaron en el sector, cual si fueran una herradura. Uno de ellos quedo en medio del camino y comenzó a hacerles subas al grupo para que detuvieran la marcha. Fueron necesarios varios disparos para que entendieran que la cosa era en serio y que los militares estaban dispuestos a enfrentarlos. Los uniformados eran minoría, pero estaban bien preparados y bien armados y eso al parecer lo entendieron los que venían en la caravana. Tres de ellos, acompañados de dos mujeres se bajaron de las camionetas y los autos y fueron a hablar con los militares, pero los militares fueron inflexibles y ordenaron que todos debían bajarse de los autos. Ya uno de ellos se había encargado de pedir refuerzos al comando, pues obviamente estaban ante una situación irregular. Bien podían ser contrabandistas, pero podrían ser paramilitares o narcotraficantes. Los tres utilizaban esas tácticas de las caravanas, los tres eran peligrosos por igual.

Me contó la tía Felipa, que afortunadamente la cosa no pasó a mayores. Todo el grupo fue detenido. Eran contrabandistas de gasolina. Todos los autos tenían doble tanque camuflado y que varios de los caravaneros eran delincuentes de Maracaibo, en su mayoría con antecedentes policiales.

Uno de ellos, el que fungía de jefe del grupo era conocido como “Papi Canilla”.

De nuevo en la calle

Refiere Felipa que nadie sabe cómo ni por qué “Papi Canilla” fue liberado y a los pocos meses ya se había envuelto en un delito mayor, como lo fue el asesinato de un comisario del Cicpc.

Me recordó que ese crimen ocurrió en el sector El Membrillo de La Concepción, municipio Jesús Enrique Lossada, cuando el jefe policial se encontraba bordo de su camioneta Toyota 4Runner, de color negra y con placa AA775XD, la cual había estacionado a un costado de la vía y se puso a hablar por teléfono. Fue abordado por un grupo de antisociales, quienes tenían intenciones de robarle el vehículo. El comisario Manuel Chirinos Rincón los enfrentó, pero llevo la peor parte, y murió acribillado. Luego se determinó que entre los atacantes se encontraba “Papi Canilla”, quien pasó a convertirse en uno de los criminales más solicitados, pues a decir de la tía Felipa, no sólo era sanguinario, sino que lideraba una de las bandas de ladrones de carros más grande de toda la región y, sobre todo de La Concepción.

Cazado

Los policías llevaban varias semanas montando alcabalas relámpagos en varios sectores de La Concepción, pues se habían trazado la meta de disminuir el hurto y robo de vehículos, para lo cual era obvio que tenían que volver a capturar a “Papi Canilla”.

Carro sospechoso, carro que detenían y verificaban sus documentación y sus seriales y como no se ubicaban todo el tiempo en el mismo sitio, esto tenía vueltos locos a los ladrones, que ya no encontraban por donde meterse.

En aquella ocasión los efectivos policiales se desplegaron en el sector Los de Doria, en Palito Blanco, vía a La Concepción. Los agentes se habían distribuido. Eran nueve. Dos se encargaban de detener e instar a que se estacionaran a la derecha a todos autos que consideraban sospechosos, otros dos revisaban los documentos, mientras dos vigilaban de cerca y los tres restantes quedaban alertas, por si acaso. Totalmente prohibido el uso de teléfonos celulares y mucho menos para chatear con las novias o sus mujeres. Era una cuestión de vida o muerte y ellos lo sabían. Cualquier error podría costarles la vida.

Fueron los que estaban en labores de vigilancia los que se percataron que aquel vehículo Aveo de color verde, cuando estaba tratando de devolverse con la intención de evadir el punto de control.

De inmediato los funcionarios se activaron, desenfundaron sus armas de fuego y fueron a ver lo qué ocurría. Los ocupantes del Aveo los vieron venir y se bajaron del auto corriendo, al tiempo que accionaban sus armas de fuego. El tiroteo se prolongó por espacio de un minuto, que pareció eterno.

Uno de los ocupantes fue herido de varios balazos y llevado a un centro asistencial cercano, mientras que los otros dos lograron darse a la fuga. Toda la zona se lleno de agentes de distintos cuerpos de seguridad y de curiosos.

Luego se supo que el delincuente herido había fallecido antes de llegar al hospital y que respondía al nombre de Adilmo Antonio Galbán Bernal, tristemente conocido como “Papi Canilla”. Le incautaron un revólver calibre 38 milímetros.