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La pornografía en las relaciones de pareja

La pornografía, como la mayor parte de las cosas con la que nos relacionamos, puede ser utilizada de manera funcional o disfuncional, puede tener un uso adecuado o inadecuado. Pero no es ni buena, ni mala en sí misma
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Néstor Daniel Ramírez.- La pornografía ha sido siempre un tema tabú, de debate y controversia. Existen muchos mitos en relación a la pornografía, como por ejemplo, la asociación entre esta y la adicción al sexo, que no es lo mismo.

La Real Academia Española (RAE) defina la pornografía como la “presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación”. Si bien diversos estudios coinciden en que este tipo de material se puede sumar a los elementos que estimulan enriquecen la relación de una pareja, otros, como el estudio del 2016 de Perry, dicen que cuando un hombre ve pornografía siente que su relación marital es de peor calidad.

Se ha observado que el material pornográfico podría generar expectativas poco realistas de desempeño sexual en hombres y mujeres, pues ver porno facilita la comparación entre el propio cuerpo y/o el de su pareja con los que aparecen en las imágenes, así como la propia actuación o desempeño en el encuentro sexual con el de los actores.

La pornografía, como la mayor parte de las cosas con la que nos relacionamos, puede ser utilizada de manera funcional o disfuncional, puede tener un uso adecuado o inadecuado. Pero no es ni buena, ni mala en sí misma. Los efectos que tenga en sus consumidores dependen en gran medida del contexto en el que se utilice y la función que tenga.

En casos extremos, el abuso o el consumo continuado y desmedido de material pornográfico puede generar una adicción a la pornografía. El adicto a la pornografía experimenta una pérdida de interés o de deseo sexual hacia su pareja, pues se reduce la reacción antes estímulos sexuales habituales, al necesitar cada vez más el visionado de este tipo de material. Esto implica también una gran dificultad para imaginar y fantasear. Todo esto, puede desarrollar problemas de erección o dificultades para alcanzar el orgasmo, entre otros, así como una disminución de la actividad sexual con la pareja que puede llegar a vivirlo con gran malestar.

Es necesario resaltar que la pornografía en sí misma no es el problema, sino el uso que se hace de este tipo de estimulo, la función que tenga, el lugar que ocupa en la vida sexual del individuo y la manera en que determina sus creencias sobre el sexo.

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