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Beata Carmen Rendiles: fe probada desde el dolor

Ahora es elevada a los altares junto a Candelaria y María de san José
Beata Carmen Rendiles
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César Emilio Torres N.– Llegar a ser declarado santo de la Iglesia católica no es una carrera de obstáculos o relevo. Las virtudes teologales y cardinales son revisadas por el Vaticano para indagar sobre su veracidad.

La curación instantánea por neuropatía cubital de la doctora Trinette Durán de Branger, atribuida a la intercesión de la hasta hoy venerable Carmen Rendiles, es el milagro que la eleva a los altares y le abre una nueva etapa en el camino a su canonización.

Según narra la profesional de la medicina bendecida con el milagro, su brazo quedó inmovilizado luego de recibir una descarga eléctrica cuando realizaba una operación en el hospital “Pérez Carreño” de Caracas. El diagnóstico del informe revela atrapamiento leve del nervio mediano del túnel del carpo derecho.

El sudor de la confianza. El testimonio de Trinette Durán de Branger da fe que fue a la sede del Colegio Belén, en los Palos Grandes, en la búsqueda de su paz interior, previo a la operación pautada de su brazo.

“Después de estar en oración junto a la hermana María San Luis, quien me sobaba la mano y el brazo y decía constantemente papá Dios te va a curar, ya verás que madre Carmen te va a ayudar… Al entrar al lugar donde está el cuerpo de la hoy beata, una luz irradió la habitación donde está su tumba, y por la misericordia divina fui sanada, sudé muchísimo y yo estaba muy bien. Ese día ocurrió una vaguada en Caracas que fue muy complicado movilizarse y no pude llegar para la operación. Yo estaba perfecta, pasé tres días con una sensación de plenitud, de paz, de felicidad, en verdad muy hermoso. Faltarán días de mi vida para agradecerle a madre Carmen aquel favor tan grande y que haya intercedido”.

Decreto papal. El Santo Padre Francisco dio a conocer el pasado 19 de diciembre el decreto de beatificación, luego de aprobarse una curación milagrosa en forma “instantánea, perfecta, estable y duradera” el 18 de julio de 2003. La decisión pontificia de elevar a Carmen Rendiles a los altares la convierte en la tercera beata venezolana junto a María de San José de Maracay (Ara) y Candelaria de San José de Altagracia de Orituco (Gua).

Una vez admitida la petición por el Vaticano ante la Congregación para la Causa de los Santos, se les proclama Siervo de Dios. Comprobadas las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) son declarados por decreto pontificio Venerables, como es el caso actual de José Gregorio Hernández y madre Emilia de San José. Aquí se estudian los milagros adjudicados a su intercesión. Una vez comprobado que el milagro atribuido supera la intervención humana, son elevados a Beato, y la iglesia permite el culto público, además de abrir el proceso para la segunda manifestación divida y es allí donde son canonizados, es decir son declarados Santos.

Ramón Antonio Pérez, secretario ejecutivo de la pastoral de medios de comunicación de la Arquidiócesis de Caracas, confirma que el anuncio se adelanta a 16 causas abiertas a sacerdotes, religiosos y laicos. “Sus biógrafos destacan que llegó al mundo sin su brazo izquierdo. Ello no le impidió actuar con normalidad desde pequeña y luego sentirse atraída por la vida religiosa”.

Mujer de gran tesón. La beata Rendiles ingresó el 25 de febrero de 1927 a una comunidad de origen francés, la Congregación Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento, en cuya misión fundó colegios para la educación a niños de escasos recursos.

La hermana Concepción Gómez, quien fue su compañera de formación, revela que la beata era una mujer con tesón, constancia y autoridad.

El celo por preservar el espíritu y carisma de la fundadora Onésima Guibret, la llevaron a crear en Venezuela la Congregación de las Siervas de Jesús en 1966, desmenbrándose de la comunidad francesa, cuando estas pretendieron secularisarse. También motivó a Rendiles una cuestión de disciplina, normas y realidad geográfica, pues entre Europa y América era muy difícil la comunicación tras los efectos de la II Guerra Mundial. La beata fue nombrada Superiora General, cargo que desempeñó hasta su nacimiento para el cielo el 9 de mayo de 1977.

Fidelidad y devota. La actual superiora general de la Congregación de las Siervas de Jesús, María Eugenia Noreña, considera que el pueblo venezolano ha recibido una bendición con esta decisión papal. “Pidamos a esta nueva beata interceda por nosotros”. La vicepostuladora de la causa, Rosa María Ríos, testifica que Rendiles fue devota y probada en el dolor. Su sufrimiento al ser rechazada por su condición física, -que era una cruz- la acercó a Dios y transformó con su ejemplo a quienes estaban a su lado.

La jaculatoria en su boca. La hermana María Anselma Espinoza cuenta que después de Semana Santa fue necesario ingresarla al hospital por un polvillo y debilidad pulmonar. “Se despidió del Santísimo y de cada una de nosotras. Nos bendijo, haciéndonos la señal de la cruz. Partió al encuentro definitivo con el amado y repetía: ‘Sagrado Corazón de Jesús en vos confío’”.

Un alma enamorada de dios

La hermana María Anselma Espinoza señala que la hoy beata: “Nunca llamó la atención.

La caracterizó la sencillez en la oración y en todo su modo de ser: era recta, pero sencilla. Estaba totalmente llena del amor de Dios, que lo transforma todo. Así, ella tuvo que pasar por muchas pruebas, contrariedades y dificultades y era que el Señor la estaba probando. Cuando quiso ser religiosa ninguna congregación la aceptaba por faltarle un brazo por una circunstancia congénita. Entonces perseveró y se volcó en la catequesis”.

En 1927 las hermanas e la Congregación Siervas de Jesús del Santísimo Sacramento llegaron de Francia para hacer su fundación en Venezuela

y allí una religiosa se fijó en Carmen Rendiles y la invitó formar parte de este rebaño, del que se separa en 1966 para fundar la Congregación Siervas de Jesús.

“Hoy sé que la verdadera felicidad se encuentra en el desprendimiento de uno mismo y en tener la visión de que es a Dios a quien debemos servir”. Beata Carmen Rendiles

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