Una Iglesia en llamas

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Bruno Renaud

Recientemente tuve la oportunidad de contemplar, en silencio, el desastre provocado por el fuego en Nuestra Señora de París. El incendio de la catedral puede ser visto como el símbolo de lo que pasa hoy en nuestra cultura.

El idioma griego tiene varias palabras para hablar del fuego. Una de ellas: “zelos”, “algo que se quema”. Existen dos tipos de “celos”: uno, destructor, lo arruina todo y lleva al infierno; y el otro, purificador, lleva a la cumbre de los cielos. El incendio reciente que ha devorado la selva de robles, techo de la catedral, es un símbolo clamoroso de los dos fuegos que devoran actualmente la vida de la Iglesia.

Al presenciar – en videos – la fuerza de las llamas que se iban en humos, cómo no pensar en el trabajo formidable de generaciones sucesivas de creyentes que habían levantado este edificio de la fe. Una cultura fuertemente creyente, pero también, hoy, secularizada: vive ahora en el olvido de su Dios y del evangelio.

Bernardo de Claraval –un gran monje del tiempo de las catedrales– no dejaba de insistir: a Dios no le importan las piedras muertas. Nuestro interés es las piedras vivas: la comunidad de creyentes que se reúnen para expresar su fe y su comunión. El “celo” del cual hablan es como el fuego natural: nutre la vida, calienta, ofrece la luz. Y también puede devorar. Así mismo, la reconstrucción de la catedral puede ser el símbolo de la reconstrucción de la cual la Iglesia universal tiene honda necesidad.

En el momento de la elaboración de los proyectos concretos de la catedral de París, tendrá lugar un sínodo de la Iglesia universal entorno a la suerte de una catedral de otro tipo, la Amazonía. Esta catedral natural enorme cubre casi 5 veces nuestro país. Y sobre todo, abriga unos 33 millones de indígenas, organizados en 380 pueblos. Pero hace tiempo que esta inmensa catedral es sometida al fuego de los intereses financieros de una devastadora economía liberal.

Dos fuegos se dan campo: el celo del papa Francisco y de centenares de pequeñas células del pueblo de Dios reconstruyendo la Iglesia según el sueño de Francisco de Asís; y el celo de aquellos que le hacen el mayor obstáculo posible, desfigurados ellos mismos por un fuego devastador. En tiempo de crisis, ¿adónde va nuestra elección?

Sacerdote de Petare
brunorenaud00@gmail.com

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