Érase un hombre a una corneta pegado

Durante el acto de homenaje por sus 100 años.
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Decir de alguien que es más, o menos, fanático de una organización deportiva respecto de otros es una temeridad. Pocos asuntos pueden resultar tan subjetivos en la vida como ese de medir el grado de devoción que una persona llega a sentir por el equipo objeto de su preferencia. Salvo que se cuente para ello con referencias tan impresionantes como las que, públicas y notorias, exhibe Jesús Alejandro Lezama. Es más, pocos estarán en desacuerdo con que “Chivita”, como también se le conoce desde tiempo inmemorial, es el fanático número uno de los Leones del Caracas, y por extensión de todo el beisbol profesional venezolano.

Y es que Lezama, animador del equipo, cumplió en febrero de este año su primer centenario de vida. Desde 1942 acude a los juegos del Caracas, haciéndolo oficial a partir de 1944. Cinco mil veces, tantas como presentaciones realizó a la fecha el conjunto, Jesús Alejandro acudió al estadio.

Nadie que hubiera concurrido en estos 77 años a un encuentro del equipo caraquista –primero en el viejo coso de San Agustín y luego en el Universitario– pudo no haber reparado en aquella figura quijotesca, que soplaba con persistencia una corneta y se movía compulsivamente por todo el recinto, una imagen con evocadoras resonancias del cine mudo.

“Yo veía que Magallanes tenía un señor con una sirena. Como el Caracas no tenía a nadie, agarré una corneta de pera y empecé a tocarla”, ha contado en innumerables oportunidades. “En un descuido me quitaron la pera pero me llevé la corneta sola a la boca y soplé; desde aquel tiempo esa es la corneta de los Leones”.

Otro elemento que impuso por persistencia retiniana fue el guante de goma espuma, regalo del jugador César Tovar, que el animador blandía en lo alto como desvencijada insignia de antiguas guerras.

Haciendo sonar su incombustible corneta.

Refiere Lezama, a propósito del robo de la mencionada corneta, que los autores de la fechoría eran magallaneros, y aporta así su granito de arena a la prédica de una rivalidad que alcanza matices bíblicos, nacida en los albores de la liga profesional. “‘Turcos’, ‘eléctricos’, ‘bucaneros’, el Magallanes tiene más nombres que Lucifer”, insiste con hiriente mordacidad, dando paso enseguida a una media sonrisa.

La mamadera de gallo data de aquellos tiempos en los que, con el objetivo de ofenderlos, el locutor magallanero Temístocles Mele llamara a sus rivales “el equipo de las caras bonitas”. Jesús Alejandro se regocija, en cambio, por el dominio histórico que desde entonces ejercieron esos rostros de alegoría leonina sobre sus eternos rivales.

Gloriosa memoria. Su memoria, prodigiosa como la de todo buen fanático, se afila en el recuerdo de aquellos hitos en los que los Leones mermaron la arboladura de la nave valenciana, como el año del llamado “zapatero” (cuando le endosaron 14 derrotas en fila) o los dos “no hit, no run” propinados por Lenny Yochim y Howie Reed, en 1955 y 1968, así como la cantidad de títulos de liga, en los que el Caracas dobla prácticamente a su contrario.

El hombre a quien conocen también como “el brujo” se arroga por otro lado la autoría del hechizo que mantiene a los Tiburones de La Guaira en una sequía de 33 años sín títulos en la pelota rentada, todo a causa del veto lanzado desde la gerencia guairista en el caso de los juegos en los que el equipo juega como home club, ocasión en la que Lezama opta por despojarse del uniforme y guardarse en la tribuna.

“Por eso dije que el dios warao del Delta los ha castigado. No ganarán mientras esos directivos estén ahí”, asevera, esta vez sin sonreír. El animador nació en Tucupita, estado Delta Amacuro, y suele ostentar acompañando su indumentaria amuletos de carácter esotérico, como el collar de pepas de zamuro que contribuye a darle cariz de chamán en predios de Los Chaguaramos, donde se emplaza el estadio. “Lo hago por echar broma. La verdad es que creo en Dios, no en brujería”, y asoma de nuevo la media sonrisa.

En uno de los Caracas-Magallanes más recordados.

Beisbol viejo. Puede afirmarse que Lezama fue primero que el Caracas puesto que al nacer la organización ya él era fanático. Como tantos venezolanos, se había dejado llevar por el entusiasmo que el campeonato obtenido en el Mundial de La Habana, en 1941, sembró en tierras venezolanas, cuando el beisbol no era aún el deporte más popular del país.

La oportunidad había servido para que Martín Tovar Lange, accionista de la Cervecería Caracas, formara un equipo de puras estrellas criollas, tomando como base la selección que volvía de Cuba. El Estadio de San Agustín pasó a llamarse entonces Estadio Cerveza Caracas y allí acudía Chivita vestido con sus mejores galas, como era usual en los eventos importantes de la época.

“En el año 44 me incorporé como fanático a la organización. Estoy aquí desde ese momento y tuve la dicha de ir a la primera Serie del Caribe en el año 49, en La Habana. El dueño me invitó, yo no tuve que pagar nada”.

Hasta mediados de los años 50 recibía el animador viáticos y viajaba con el conjunto, pero a partir de entonces, ya con los nuevos dueños Pablo Morales y Oscar “Negro” Prieto, obtendrá su uniforme como un miembro más de los Leones, aunque sin recibir paga por ello: “Jamás he cobrado un sueldo, sencillamente el beisbol es mi vida”.

Uno de los más pintorescos íconos del deporte venezolano.

Son tres las administraciones por las que ha pasado Lezama: las dos mencionadas y la de Ateneas Sports Holding, empresa del Grupo Cisneros que se hizo con la propiedad del equipo en 2001. Ha visto desfilar por el estadio cuatro generaciones de fanáticos, por lo que puede ofrecer una perspectiva de su evolución: “El público de antes era más romántico. En aquella época solo asistían hombres; luego comenzaron a venir las mujeres y desde hace unos años también muchos niños”.

Ha tenido que padecer Chivita alguna vez la provocación de grupos de exaltados, como cuando se hizo costumbre el arrojarle conchas de naranja: “Vendían naranjas en la entrada de la Tribuna C [junto a la línea de tercera base] y luego que se chupaban el jugo comenzaba la guerra de las conchas”. Asegura, sin embargo, que no hay fanaticada como la venezolana.

“Son fieles a su divisa, la apoyan desde la tribuna de una forma cálida y única que incluso sorprende a los extranjeros que vienen a jugar. Aquí les cantan, les gritan, los apoyan y hasta los abuchean”. Sobre esto último sí expone un particular reparo: “Cuando veo a los caraquistas abucheando a un jugador, sobre todo a un criollo, se los reclamo. ¿Creen que pagar una entrada les da derecho a hacer eso?”.

Lo que me vayan a dar… De los 14 hijos de Jesús Alejandro Lezama uno le salió magallanero. Todos los demás comparten su afición por los Leones. Se los ha visto acompañándolo, junto a demás nietos y bisnietos, muchas veces en el estadio, y también en jornadas de labor social.

Pese a su edad centenaria, Chivita vive solo, en su casa del Guarataro. Allí reside desde que su madre se lo trajo de Tucupita para que estudiara en la ciudad en 1936. Posteriormente sirvió en la Escuela de Grumetes: “Ni siquiera cogí una tira de sargento. Yo era muy rebelde. Todavía lo soy. Rebelde de nacimiento”.

Este año la Liga Venezolana de Beisbol Profesional rendirá homenaje a Lezama jugando en su nombre el campeonato que recién comienza.

“Todos los favores que me los hagan en vida para poder disfrutarlos y vivirlos”, dice evocando el tema del Gran Combo de Puerto Rico, mientras camina apoyado en su bastón. “Siempre que papadiós quiera. Yo ya hablé con él y me está haciendo la diligencia de la visa y el pasaporte”, bromea con su media sonrisa, que esta vez termina de abrirse con la picardía de un muchacho.

Reconocimiento por su apoyo al beisbol menor a principios de los 80.

Line up de todos los tiempos

Para Lezama la lista de jugadores excepcionales del Caracas es muy amplia, pero elabora una alineación con recambio de los que considera los mejores posición por posición:
– Receptor: Baudilio Díaz
– Primera Base: Gonzalo Márquez
– Segunda Base: Jesús Marcano Trillo
– Campocorto: Alfonso Carrasquel
– Tercera Base: Luis Romero Petit / Jesús Alfaro
– Jardinero Izquierdo: Guillermo Vento / Wilibaldo Quintana
– Jardinero Central: Víctor Davalillo / Héctor Benítez Redondo
– Jardinero Derecho: Dalmiro Finol
– Pitcher: Carrao Bracho / Urbano Lugo hijo

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