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Dime qué posición prefieres y te diré cómo eres de verdad

La personalidad encuentra en el sexo una magnífica vía de expresión. Por ello, la postura preferida de cada uno puede desvelar rasgos del individuo profundamente escondidos
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ÚN.- Existen muchos estudios acerca de lo que revela la postura que adoptamos en la cama; poco se ha escrito, sin embargo, sobre lo que dice la posición cuando lo que queremos no es dormir, reseña el Confidencial.

El misionero

Decía el director de cine Bigas Luna que el erotismo comenzó el día en que una mujer decidió darse la vuelta para hacer el amor mirando a los ojos. No son muchos los animales que mantienen relaciones cara a cara. Por ello, el misionero revela mucho sobre nuestra condición, no solo personal, sino como especie.

El misionero facilita la intimidad al darse un contacto visual directo entre los amantes. No obstante, en el lado negativo, esta postura puede poner en evidencia un carácter clásico, propio de una pareja que reprime sus fantasías y que prefiere jugar seguro.

Por lo que respecta a los roles, la responsabilidad del acto recae principalmente en el hombre. A pesar de su apariencia tradicional, los varones suelen hallar en el misionero una vía perfecta para sacar a la luz sus fantasías de poder. En cuanto a ellas, las predilectas del misionero son habitualmente mujeres sosegadas a las que les resulta agradable tener un momento de relax que les permita concentrarse en sus sensaciones.

La amazona

Por fortuna, los tiempos cambian, el panorama se vuelve más complejo, y cada vez es más evidente que muchas féminas han decidido tomar las riendas. Ser dominante no tiene por qué ser un rasgo exclusivamente masculino, y muchas mujeres desean interpretar ese papel, sin prejuicios, en la intimidad que brinda la habitación o cualquier otro ambiente.

El perrito se convierte en la preferencia de quienes quieren expulsar del lecho la vida civilizada del trabajo, las tareas domésticas y lo cotidiano

Los hombres que se divierten con esta postura, se permiten explorar también su naturaleza sumisa y reprimida por lo cotidiano. De este modo, ellos pueden disfrutar experimentando el placer que la mujer controla a través de su ritmo y sus movimientos.

El perrito

De entre todo el reino animal, casi todas las criaturas se aparean adoptando esta postura. El perrito se convierte por ello en la preferencia de aquellos que quieren expulsar del lecho la vida civilizada del trabajo, las tareas domésticas o la cortesía cotidiana.

El perrito, sin embargo, es también la posición favorita de quienes no desean intimidad y escogen disfrutar del sexo sin estrechar lazos con la pareja. Para ellas, esta postura no es sinónimo de un carácter sumiso, aunque, eso sí, la vida suele obligarnos a mostrarnos fuertes y competitivos, y el perrito permite a muchas mujeres tener un momento profundo para liberar su naturaleza más dócil e incluso masoquista . Un cachete en estos casos puede ser un placer añadido que, si entra en el juego, no tiene por qué quedarse reprimido.

La cucharita

Si existe una pose para auténticos románticos esa es la cucharita. Aquí queda fuera el sexo más animal. La propia postura obliga a un encuentro con mucho contacto, imponiendo un ritmo lento con el que sondear las sensaciones que produce un cuerpo ajeno.

Los amantes más físicos, aquellos para los que su forma corporal sea relevante, hallarán en hacer el amor de pie la experiencia deseada

Es, sin duda, una posición propia de personas que entienden el sexo como modo de compartir y que eligen apartar hasta de su intimidad pequeñas licencias violentas que los amantes más instintivos sí gustan en el lecho.

De pie

Quienes lo hayan probado pueden haberse sentido frustrados, ya que hacer el amor de pie es de todo menos simple y numerosos problemas “logísticos” suelen aparecer durante su ejecución.

Los amantes más físicos, aquellos especialmente preocupados por su cuerpo , hallarán en esta posición la experiencia deseada. Realizarlo cara a cara requiere en muchos casos ser auténticos atletas, ya que nuestras formas no se adaptan como un puzzle a las del otro, y las acrobacias resultan a veces inevitables. Si el hombre decide además sostener entre sus brazos el peso de la mujer, el esfuerzo puede ser digno de una competición de halterofilia. Si prefieres descargar tu energía con otra persona en tu casa, en vez de en el gimnasio, esta es tu postura.