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Errores al elegir una pareja

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Conocer la estructura de una pareja y qué podemos esperar de ella es clave para iniciar una relación sana, o al menos alejarnos de vínculos tormentosos. A continuación te advierto de cinco actitudes que podrían sumirnos en una relación que no te conviene.

Cuando una pareja se constituye, es decir, cuando dos personas deciden estar juntas, encontrarse, compartir, se establecen pautas por parte de cada uno de los miembros y se realiza un acuerdo. Este no siempre se dice explícitamente, con palabras, pero existe y regula toda la forma de relacionarse. Determina si será una pareja donde cada uno se hará muy dependiente del otro o si se dedicarán la mayor parte del tiempo o no. Las características de cada acuerdo están dadas por lo que cada miembro espera encontrar en esa pareja, por las expectativas que tiene y las pautas que propone para que se hagan realidad. Por ejemplo: hay hombres que desearían que su pareja se dedicara solo a ellos, que no se relacionara con otras personas y menos aun con otros hombres. Harán todo lo posible para ir evitando esas relaciones, no se reunirán con amigos y tratarán de controlarla para que ella no lo haga a sus espaldas. Ante esto la mujer tendrá tres alternativas: puede aceptar esto y adaptarse a una nueva forma de vida, puede intentar cambiar las expectativas de su pareja proponiendo ella sus pautas o puede decidir no seguir adelante con la relación.

Gran parte de las dificultades de las parejas proviene de la diferencia que hay entre lo que esperamos que suceda y lo que sucede en la realidad. El éxito dependerá de una adecuada elección de pareja y de la capacidad en lograr los acuerdos necesarios que nos permitan sentirnos en una relación de ganar-ganar mutuo.

Pero para muchas personas la elección no es tan fácil. Parece que los errores más comunes que solemos cometer son: 1. Tendemos a vincularnos demasiado jóvenes a una persona, lo que puede causar que evolucionemos de forma distinta y después la relación no funcione al tener intereses y valores distintos. 2. Estereotipamos a las personas, lo que hace que tengamos una imagen que es ficticia y no real. 3. Presuponemos que ciertos rasgos de personalidad van unidos, de forma que si una persona es simpática, también ha de ser inteligente. 4. No hacemos suficientes preguntas, preferimos ocuparnos de las cosas positivas y de las razones que nos permiten amar a una persona y no analizar las cosas o puntos que nos separan o que no nos gustan. 5. Por miedo a que la relación no funcione, transigimos prematuramente creando una falsa sensación de armonía, autoengañándonos.

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