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ESPECIAL | De cumbres y abismos

Labia incendiaria y actitud provocadora caracterizaron a Chávez en sus discursos internacionales
Foto: referencial
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Alberto Cova.- Dos características de la personalidad de Hugo Chávez le dieron un sello distintivo a sus intervenciones públicas. Primero su condición de provocador. Alguien que se estrenó en la política tiroteando el palacio de Miraflores no podía presentarse después ante los auditorios como un manso corderito; el carácter de agitador lo mantuvo hasta el último de sus días y lo mostró de una forma u otra en cada aparición pública, como cuando extendió sus brazos para abrazar a la reina de Inglaterra o cuando palmeó al emperador Akihito del Japón.

La otra particularidad del comandante era la exuberante labia que ostentaba en la tribuna de oradores. Más de nueve horas sin parar habló el Presidente en el mensaje anual que presentó a la Asamblea Nacional en enero de 2012, a pesar de padecer para ese momento la enfermedad que le quitaría la vida un año después. Era notable su habilidad para hilar un tema con otro en largos discursos improvisados en los que siempre regresaba de forma magistral al punto específico de su interés.

Tal capacidad discursiva la apreciaron sus compatriotas durante los 14 años de su mandato, sobre todo los días domingo cuando millones de venezolanos lo veían y escuchaban con deleite en su larguísmo programa Aló Presidente.

Bush muerde el polvo. En mayo de 2005, el presidente Chávez asistió a la II Cumbre Unión Europea-América Latina que se realizó en Madrid. Se trataba de una de tantas reuniones de mandatarios en las que una foto de grupo y un documento final que nadie lee parecen ser los únicos resultados. En su alocución, el comandante elaboró una frase que ha quedado para la historia y que resumía la situación de los pueblos latinoamericanos. “Estamos en un laberinto sin salida, en el que la solución de los problemas socioeconómicos de Latinoamérica es lenta, vamos mal y vamos de cumbre en cumbre, mientras nuestros pueblos van de abismo en abismo”. Chávez cuestionaba de esa forma la realización de estos costosos cónclaves de presidentes, aunque después diría que las cumbres eran para él eran una oportunidad de “decir crudamente las verdades”.

Ese mismo año 2005, en noviembre, se realizó en Mar del Plata la IV Cumbre de las Américas, evento con el cual Estados Unidos promovía la implementación de un acuerdo de libre comercio en el continente americano. A Argentina vino George W Bush con la misión de imponer el Alca y se encontró con una América Latina distinta, que no se dejó “patotear” como lo expresó entonces Néstor Kirchner.

En la Cumbre de los Pueblos, paralela a la Cumbre de las Américas, Hugo Chávez, después de espantar con tres soplidos la lluvia que amenazaba con aguar el acto, decretó el entierro del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas. “Alca al carajo”, gritó el presidente bolivariano a la multitud reunida en el estadio La Feliz, para celebrar la derrota de Estados Unidos, en la persona de Bush, quien abandonó la Cumbre antes de terminar al no encontrar apoyo a su propuesta de libre comercio americano.

Chávez como Florentino. Fue el mismo George W Bush derrotado en Argentina quien recibiría en Nueva York otro golpe propagandístico ideado por el mandatario venezolano.

“¡Huele a azufre todavía esta mesa donde me ha tocado hablar! Ayer señoras, señores, desde esta misma tribuna el señor Presidente de los Estados Unidos, a quien yo llamo el diablo, vino aquí hablando como dueño del mundo”, dijo Chávez en septiembre de 2006 al cuestionar a Bush, quien ante la Asamblea General de la ONU dio sus recetas para tratar de mantener la dominación del mundo por Estados Unidos.

De esta forma el comandante bolivariano advertía a los delegados presentes sobre el peligro que representaba EEUU para el planeta y prevenía a los estadounidenses sobre el demonio que tenían en casa.

En ese mismo discurso, Chávez recomendó a la audiencia el libro de Noam Chomsky Hegemonía o supervivencia, el cual llegó al número de uno de ventas en las listas de Amazon gracias a la sugerencia del presidente venezolano.

Ricos contra pobres. En noviembre de 2009 se celebró en Copenhague la XV Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU, que tenía como objetivo la firma de un acuerdo vinculante sobre el clima para ser aplicado a partir de 2012.

La reunión fracasó, fue evidente la división entre países ricos y pobres y no fue posible acordar un compromiso sobre emisiones de carbono.

“Los ricos están destruyendo el planeta. Será que tienen planes para irse a otro”, dijo Chávez quien reclamó el secretismo con que se manejaba el texto final de la cumbre: “He pedido el texto, pero es top secret. No es democrático ni inclusivo. No aceptaremos ningún texto que no venga de los grupos de trabajo”.

El presidente venezolano pronunció en ese encuentro otra de sus frases notables: “Si el clima fuera un banco ya lo habrían salvado”, dijo sobre la posición de las naciones desarrolladas ante el fenómeno del cambio climático.

Ayer desde esta misma tribuna el Presidente de EEUU, a quien yo llamo el diablo, vino hablando como dueño del mundo.

Vamos mal, vamos de cumbre en cumbre mientras nuestros pueblos van de abismo en abismo.

Los ricos están destruyendo el planeta, será que tienen planes de irse a otro. No cambiemos el clima, cambiemos el sistema.

570 minutos, es decir, nueve horas y media, habló Chávez ante la Asamblea Nacional en enero de 2012 en la presentación de su mensaje anual.

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