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ESPECIAL | Chávez y su circunstancia

Tuvo la audacia de no repetir la práctica de las élites, como los presidentes que le antecedieron en el poder
Foto: minci.gob.ve
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Carolina Hidalgo.-Le cantó cuatro a los gringos como ningún presidente de América Latina había hecho y luego se alió con el llamado “eje del mal”. Le hizo la cruz al Fondo Monetario Internacional, cuestionó la globalización, el neoliberalismo, el fin de las ideologías y reinventó el socialismo y lo bautizó como del “siglo XXI”.

Hugo Chávez, un audaz nacido en un pequeño pueblo llanero que se convirtió en figura mundial. Un hombre que supo convertir un fracaso militar en la victoria política que lo condujo a la silla de Miraflores.

Teodoro Petkoff, uno de sus detractores, afirmó al referirse a su “por ahora” del 4 de febrero de 1992 que “quienes lo adversan vieron en ello cualquier cosa (incluyendo la especie estúpida de su supuesta cobardía) menos el sentido político, profundamente realista y certero de sus actos”.

¿Cómo pudo este venezolano de extracción humilde, criado en una casa con piso de tierra, enfrentarse a las élites nacionales e internacionales?

Unos me señalan como el culpable de todos los males de la sociedad, otros como el benefactor, el responsable de todo lo bueno, no soy lo uno ni lo otro. Sólo soy un individuo colocado en una circunstancia”, expresó, al referirse a su liderazgo en una entrevista con Marta Harnecker.

Para varios escritores, entre ellos, Nelson Montiel Acosta autor del libro Las lecturas de Chávez, el pensamiento y acción del líder revolucionario coincidieron con la quiebra del capitalismo, la crisis estructural de este modelo a nivel mundial, lo que constituyó un terreno fértil para construir paradigmas alternativos a los principales centros de poder.

Es decir, existía una sed por alternativas y nuevos rumbos. Chávez estuvo allí para darlas.

La circunstancia. Cuando aparece por primera vez en la TV el 4 de febrero de 1992 se vislumbraba un nuevo tiempo. El mundo acababa de ver la caída del muro de Berlín (1989), la disolución de la URSS (1991), y por tanto el fin de la Guerra Fría, y el surgimiento de un nuevo orden internacional de supremacía estadounidense.

En Venezuela el modelo de democracia representativa hacía aguas. El 4 de febrero el diario Últimas Noticias titulaba en primera página: “No pasó marcha de jubilados, los estaban esperando cual si se tratara de turba de malhechores”. Además la falta de agua y el cólera producían estragos y los maestros tenían diez días en huelga por deudas desde 1991.

Condiciones nacionales e internacionales parecidas imperan en 1998, cuando Chávez gana las primeras elecciones y las gana porque se opone al orden establecido. Él le pone nombre y apellido a sus adversarios. A los partidos tradicionales les llama “las cúpulas podridas” y a la política económica de CAP y luego Caldera con su Agenda Venezuela, de “neoliberalismo salvaje”. La gente se conectó con esto, y lo siguió hasta el final.

En el exterior, el dirigente se proyectó como una referencia de resistencia al colonialismo. Ya América Latina no es la misma de la guerra fría. Las democracias del sur han madurado y él hace la lectura correcta y capitaliza este sentimiento nacionalista junto a los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador.

El individuo. Sin embargo sus ideas no salieron de improviso. Sacó la vena política en la Academia Militar. Él mismo lo contó, dijo que entró para jugar beisbol y salió “prendido” por dentro de otros ideales.

Hijo del Plan Andrés Bello, diseño curricular instrumentado durante el primer gobierno de Rafael Caldera, Chávez no fue a la Escuela de las Américas, sino que tuvo como maestro a Jacinto Pérez Arcay y acceso a otra literatura sobre la guerra. Leyó a Mao Tse Tung , se codeó con el hijo de Omar Torrijos en la academia y conoció personalmente a Juan Velasco Alvarado, militares en el poder que desarrollaron proyectos políticos que él estudió y que según admitió le influenciaron.

Conquistado por el pensamiento libertario de Simón Bolívar y Ezequiel Zamora y guiado por el espíritu aventurero de Pedro Pérez Delgado, Maisanta, Chávez fue un líder que no repitió la fisiología de las élites, como los presidentes que le antecedieron en el poder, sino que se identificó con los pobres de Venezuela y el mundo.

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