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El trastorno del autismo hay que tratarlo a tiempo

Afectados pueden mejorar con tratamientos, dietas y terapias
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Yilibeth Noguera.- El trastorno del espectro autista (TEA), o autismo, no es una enfermedad, es una condición de vida que afecta la interacción social por medio de la comunicación, la conducta, el lenguaje y la integración sensorial de las personas, asegura Angelo Gianturco, médico pediatra, homeópata y homotoxicólogo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el TEA como un grupo de complejos trastornos del desarrollo cerebral. El término abarca afecciones tales como el autismo, el trastorno desintegrador infantil y el síndrome de Asperger.

De acuerdo con este ente, en su mayoría se manifiesta en los primeros 5 años, aunque la condición está relacionada con la dificultad para comunicarse e interactuar socialmente, tiende a persistir hasta la adolescencia y la adultez.

Sin embargo Gianturco, actualmente dedicado a la investigación y tratamiento de infantes con autismo, afirmó que “un niño con TEA mejorará si es diagnosticado temprano, es decir, entre los 2 y 3 años de edad”; asimismo enfatizó que “son niños con deficiencia de nutrientes, y no hay que clasificarlos dentro de un trastorno psiquiátrico debido a que presentan un síndrome nutricional con ausencia de vitaminas B1, B5, B6, B12 y ácido fólico, que al reponerlas en su organismo se normaliza y desaparecen los síntomas”.

Además, el especialista añadió que “algunos no solo presentan problemas de habla o atención, sino también digestivos e intolerancia a ciertos alimentos como la leche, el queso, el trigo y el gluten. Es importante la dieta en conjunto con tratamientos basados en el suministro de vitaminas, minerales y oligoelementos”.

Causa

Según la OMS, la evidencia científica disponible indica la existencia de múltiples factores, entre ellos, los genéticos y ambientales, que hacen más probable que un niño pueda padecer el trastorno. Los datos epidemiológicos disponibles demuestran de forma concluyente que no hay pruebas de una relación causal entre los TEA y las vacunas infantiles.

Mientras, la teoría de Gianturco plantea que “el autismo no es genético ni hereditario, porque de ser así se mantendría el número de incidencias en la misma familia. Asegura que en el caso de los niños con autismo, la gota que rebosa el vaso son las vacunas aplicadas en el primer año de vida, ya que éstas están llenas de componentes tóxicos que causan daños y alteran su sistema inmunológico que de por sí es débil; la repetición excesiva de ellas destruye la mielina, sustancia que envuelve y protege las células nerviosas, y al destruirlas comienzan los problemas donde el niño no tiene respuestas ni inmunológicas, ni de habla, ni de interacción con otros”, explica.

Tania Bernal, neuróloga infantil, por otra parte, indicó que “el TEA tiene amplias características que en cada niño se manifiestan de forma diferente; dependiendo de los síntomas y las necesidades del pequeño, el terapeuta determina qué tipo de tratamiento requiere. Las personas con ese trastorno tan particular asisten comúnmente a terapias cognitivo-conductuales para reducir la ansiedad en los chicos mayores con los síntomas; también a terapias de habla y lenguaje, de desarrollo, ocupacional y físicas”.

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