Venezuela no tiene miedo

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Casi toda la humanidad siente pánico ante el Imperio. Sobran razones.

Me cuentan personas de más edad el estupor, el abatimiento y el terror que causaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki, sobre todo después de la guerra más atroz que se conoce. Supongo que la gente se preguntó qué causó aquella destrucción masiva de personas y cosas, ocurrida en segundos. La tecnología nuclear la conocía solo la élite científica. Y nadie sabía que ya se había desarrollado la bomba atómica.

¿Qué conjeturó la población japonesa? ¿Qué pensaron las autoridades? Algún científico les informaría la naturaleza de esa arma infernal. Y se rindieron, como ya venían planeando, por cierto. Lo que buscaba el gobierno estadounidense era provocar pánico, que la humanidad supiera que tenía y estaba dispuesto a lanzar aquel horror sobre población civil indefensa. Terrorismo.

Luego vinieron las demás guerras, la de Corea, la de Vietnam, para no hablar de los miles de conflictos que han desatado por el planeta, como los que tienen encendidos por todas partes ahora mismo. No hay recoveco del globo que no esté agredido, amenazado, sancionado, desestabilizado, amedrentado.

Aparte de Venezuela, ¿qué otros países no se dejan aterrorizar? Pocos. Es que siempre fuimos indóciles. El conflicto actual comenzó cuando Guaicaipuro.

En todas partes nos discriminan, agreden y matan porque bajar la cabeza no está en nuestra idiosincrasia.

Imagino la consternación del alto gobierno y del Estado profundo de EUA al ver que no nos sometemos ante tantas agresiones. Casi cualquier otro país ya se habría rendido. Entonces, como no entienden, redoblan el estado de sitio. No se dan cuenta de que mientras más nos provocan más nos picamos y más resistimos. Incluyendo a los opositores, que participan de la resistencia al comportarse con el mismo estoicismo que la revolución. Rezongan con malcriadez, amén de hacer el ridículo, porque por racistas les escuece el gobierno del pardaje, pero de ahí no pasan, ni siquiera asisten a las marchas marchitas del bolsa mayor.

Las guarimbas más violentas son escasas y mercenarias. Las que no son mercenarias no queman gente viva.

El Imperio encontró en Venezuela la horma de su zapato.

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