Venezuela en la ONU

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Los derechos de la persona humana, convertidos hoy por fuerza de poder en ley, en derecho positivo, han pasado en la mayoría de los países al rango de supuestos; es decir, sencillamente se suponen derechos de acuerdo a los intereses de los poderes económicos y políticos autoritarios del hegemón. Se alejan de las teorías de derechos humanos del deber ser inmanente al ser humano, es decir, hace tiempo dejaron de ser “pre-supuestos”, es decir, por encima y delante de cualquier otro derecho.

En razonamiento jurídico, los presupuestos son los derechos y deberes universalmente inherentes al ser humano, no pueden ser suposiciones del legislador sino pre-supuestos porque los lleva adherido a su personalidad el ser humano al nacer, el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud, al agua.

La verdad real y deber ser jurídico, es que, por ser presupuestos son fundamentales. Hoy día el tema desespera a aquellos que, como antinomia, logran limitar la progresividad de los derechos de las mayorías al consagrarlos como supuestos que limiten sus intereses, por ejemplo, frente al interés de una entidad bancaria acreedora de una hipoteca sobre el hogar de una familia norteamericana o española se antepone el derecho de la entidad protegido por el derecho liberal burgués hecho ley positiva, y procede el desahucio, el desalojo.

En Venezuela, consagra la Constitución de la República Bolivariana, si, bolivariana, dentro del desarrollo de la progresividad de los derechos humanos el buen vivir, el derecho a la vivienda; el Estado está obligado -y así lo hace (millones de viviendas entregadas a las familias sin techo)- a proteger la familia con una vivienda digna. Así también el derecho a la salud gratuita, a la educación pública, a la cultura, al deporte, y así seguirá progresivamente creciendo en derechos humanos para los venezolanos y todos aquellos propios o extranjeros que habiten bajo el cielo patrio azul y de 8 estrellas.

Y ahora Venezuela, grande, patriótica, humana, libre, levanta la voz en las propias entrañas del monstruo, para decir nuestra verdad a plenitud, de nuestra vida constitucional, con errores y aciertos, la plenitud de nuestra vida colectiva, por cuanto se antepone al ser humano, su dignidad y buen vivir, sus derechos fundamentales legítimos y verdaderos.

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