Triunfos, éxitos y fracasos (I)

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Días de gran incertidumbre. Desde el gobierno se estimula, agresión, persecución y violación del Derecho a la Información. Recordemos: “la información, dato reductor de incertidumbre”. (Claude Shannon). En nuestra Constitución, artículo 58, se garantiza ese importante derecho. Sectores oficialistas no lo reconocen: todo debe ser propaganda. Tampoco se dan cuenta del desastre que ocasionan en su entorno. ¿Qué hacer? ¡Pobres! Siguen los lineamientos de los dinosaurios del marxismo, viviendo en la isla martirizada, por más de 60 años.

Creen que van ganando en esta dura y ardua batalla por la libertad y la democracia; ilusos, ingenuos. ¿Tal vez afectados por su propia propaganda y por las agresiones que cometen? ¿Se dan cuenta? Cada vez que violan un Derecho Humano, cuando torturan y agreden a alguien que se les opone, esto representa un fracaso individual y colectivo. Pasan 20 años; no logran imponerse.

Cada día decepcionan a quienes les siguieron, los ortodoxos creen en la ideología fracasada, inservible al ser humano, del marxismo-leninismo. “Piensan, el modelo es perfecto, el desastre, su aplicación”. Así llevan la carga pesada de perder la Fe, o no atreverse a cuestionar el tal modelo. Algunos apostaron todo, con convicción y valores, otros se volvieron oportunistas y usufructúan el poder.

El largo camino de éxitos y fracasos, triunfos y derrotas debe ser analizado con seriedad. No solo me refiero al gobierno, sino también a la oposición. Imprescindible, darse cuenta que han pasado 20 años. Algunos éramos adultos jóvenes cuando empeoró la pesadilla, ahora somos ancianos. Otros, pasaron de la juventud a la madurez. Lo importante, creo -a mi avanzada edad- (tal vez, difícil también, pero ¿qué es fácil en la vida?) es aceptar que de actores protagónicos se pasa a ser actores secundarios. O, también, se deja la actuación. ¿Por qué? Simple: hay varias generaciones de relevo, a las que hay que ceder el espacio, el protagonismo, la dirección.

Basta de sentirse omnipotentes e imprescindibles: debemos confiar en los muchachos, en los líderes, sin rencores, ni resentimiento, esa es nuestra tarea. Sí lo piden, darles asesoría, solo sí lo piden. Dejarlos equivocarse, nosotros lo hicimos bastante. Escucharlos. Oír lo que dicen y acompañarlos en la gesta heroica de la reconquista de la democracia. Como la Gaita: “Sin rencores”. Volveré sobre el tema.

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