Tratados como basura

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Sí, es cierto: “los pobres son tratados como basura”. Así escribe Francisco de Roma, en un mensaje reciente en favor de los pobres de la tierra. La sociedad de hoy los juzga, descarta, trata con retórica y difícilmente los soporta. O no los soporta; los eyecta. Ellos son hombres, mujeres, jóvenes, niños; son el fruto cada vez más abundante de una sociedad con fuertes desequilibrios sociales, que construye muros y barras para evitar su entrada y su mezcla con la buena sociedad.

Sin embargo: “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”, dice el salmo bíblico. Estas palabras tienen una “actualidad increíble”, señala el propio papa.

Hoy, como en el momento de la composición del salmo (muy anterior a la venida de Jesús de Nazaret), se ha producido un gran desarrollo económico que ha generado una desigualdad como para enriquecer a grupos de personas a costa de una masa cada vez más pobre: personas indigentes que carecen de lo necesario, al lado de “privilegiados” que, sin ningún sentido de fraternidad, dan la caza a los pobres (¿no se propone el presidente de Brasil de armar a los hacendados para deshacerse de los indios?); para “tomar incluso lo poco que tienen” (es el gran proyecto de Israel frente a los palestinos, con la ayuda del presidente Trump: eyectarlos a todos).

O se les mata, o se les esclaviza. Aquí están estos nuevos esclavos que Francisco designa: familias obligadas a emigrar para sobrevivir o escapar de la guerra, huérfanos explotados, jóvenes desempleados por políticas miopes, inmigrantes víctimas de intereses, prostitutas, drogadictos (en Colombia les va favoreciendo la nueva ley), muchos “sin hogar y marginados”, indígenas que caminan sin rumbo en nuestras ciudades. Masas cada vez más pobres: personas indigentes que “carecen de lo necesario” y – basura, al fin – buscan en la basura su subsistencia.

Y “el drama en el drama” agrega el papa, a los pobres de hoy se les quiere quitar hasta la esperanza de ver el final del túnel de la miseria. Cazados policialmente, ellos no quieren al final nada más que volverse invisibles, transparentes.

Venezuela: bendita tierra para el pobre, aun en ese largo tiempo de escasez, que se transforma en suplicante oración y generoso compartir. Hay como una bendición especial para con el pobre de nuestra tierra

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