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¡Toparquía o nada!

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Alí Rojas Olaya.- El 28 de febrero de 1854 Simón Rodríguez emprende su viaje para el presente. Percibe la sociedad a través de los condicionamientos económicos, anticipándose a las teorías del materialismo histórico. Tiene plena conciencia de que las formas del arte, de la ciencia, de la moral y de la política, son funciones de la realidad material. Está consciente de que la cultura burguesa, con su lógica de exaltación de “intereses particulares”, echa sus raíces en las formas de la economía capitalista, cuyo símbolo máximo es el dinero. “Los hombres no pelean por el pan sino por la moneda con que se compra”.

Para él “los empresarios, meramente capitalistas, son una ruina manifiesta de la industria, bajo la apariencia de protección. Nadie tiene derecho para ganar, sino empleando su trabajo o arriesgando su capital. Hacer frente a una empresa, contando con el trabajo ajeno, sin comprometer sus intereses, es la especulación más sencilla, en cuanto a cálculo, y de ordinario la más fácil, porque cuenta con la miseria del obrero”.

Para Rodríguez “La verdadera utilidad de la creación es hacer que los habitantes se interesen en la prosperidad de su suelo”. Propone el Estado Comunal como “una confederación de toparquías”, es decir, “el gobierno más perfecto de cuantos pueda imaginar la mejor política”. En el sistema capitalista, que Rodríguez llama “anti-económico” el productor y el consumidor son víctimas del capitalista especulador. ”Cada uno para sí y Dios para todos” (es su máxima) sin advertir que el Dios para todos es social, es decir, que cada uno piense en todos si quiere que todos piensen en él”.

Rodríguez habla del valor de uso y del valor de cambio: los tributos o “arbitrios deben tomarse sobre el empleo de las fuerzas, no sobre el valor de las cosas, porque las cosas no valen sino por las fuerzas que se emplean en ellas, para hacerlas producir”. La base de la pirámide de las necesidades de Rodríguez es garantizar “comida al hambriento, vestido al desnudo, posada al peregrino, remedios al enfermo y alegría al triste”. Su objetivo es “hacer menos penosa la vida”. La toparquía se logra con educación popular, destinación a ejercicios útiles y aspiración fundada a la propiedad social, sólo posible “si se instruye, para que haya quien sepa y si se educa para que haya quien haga”. “Dejémosle a nuestros hijos luces en lugar de caudales” porque “la ignorancia es más de temer que la pobreza”.

Alí Rojas Olaya

@RojasOlaya

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