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¿Todos perdedores?

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Bruno Renaud.- No hay que avalar las tesis políticas oficiales del gobierno nacional para reconocerlo: estamos en tiempos de guerra. Mediática y comunicacional, económica,  comercial, política. No sé si ya estamos en guerra militar, con las armas del oficio.  A veces creo que hay demasiada violencia entre nosotros para que no forme parte de un plan global.

Sí lo pienso: la gran potencia del Norte, primera protagonista de la contienda nuestra,  quiere apoderarse a como dé lugar de las riquezas venezolanas. Y no sólo de las nuestras; también de las riquezas de los demás países de nuestro continente amado. Me angustia  en el alma. Económicamente amenazados, los EE. UU. repetirán, tantas veces como les sea útil, los procesos de despedazamiento, partición, división, aniquilamiento,  de los países que se les opongan. Aplastarán a tantos Irak, Sudán, Libia, Siria, Yugoeslavia, como sea necesario. No importa cuántas injusticias, cuántas víctimas mortales y cuántas lágrimas. Por eso, me duele Venezuela, porque es evidente que el gran país del Norte proyecta hacia nosotros la misma nube sombría y amenazante. Me duele, y por eso mismo no me da ninguna gana de irme. “Consuelen, consuelen a mi pueblo”, dice el profeta Isaías.

Porque la  primera víctima  no es gente del gobierno ni de la oposición, sino el pueblo mismo. Cualquiera sea el color político de cada uno. ¿Cómo, pues, desearnos mutuamente victoria o derrota política?  ¿Cómo desearnos guerra?  La guerra – económica, política, militar, –  nunca resuelve a favor de los más pobres; a favor de “la gente”. Por lo tanto no deseo la victoria política de un solo bando.  En las circunstancias actuales, adolecería de gran fragilidad.

Si los pobres siguen teniendo hambre; si los enfermos siguen esperando el desenlace fatal por falta de medicinas; si se sigue debilitando la unidad nacional; si tantos y tantas siguen votando con los pies, es decir: no  logran encontrar felicidad en el ambiente familiar y nacional, y se expatrían; si el proceso electoral nacional tan sólo satisface a un grupo de venezolanos, y no a todo ellos, no lograré sentir otra cosa que amplia solidaridad para con todo el pueblo. Porque en ese caso, hasta los ganadores serán perdedores.

El sufrimiento es fuente de tristeza y llanto; ya no importan las opciones políticas.

Mientras “la gente” no sale más unida de la contienda, mientras no se solucionan los problemas económicos, no puedo desear una victoria política de un lado contra otro lado. Cualquier, al no ser reivindicada por y para todo el pueblo.

Sacerdote de Petare   

Bruno Renaud

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