Somos raros

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Solo tiene derecho a existir la gente blanca, preferiblemente anaranjada como Trump. La gente de piel nocturna debe ser quemada viva en las calles, guillotinada en su moto con guayas, pateada ya muerta, hambreada, sin medicinas, bloqueada, en fin, exterminada. Viene de lejos porque ya durante la contrarreforma ultracatólica fue expulsada la religión judía, aplastada la musulmana y exterminada la mayor parte de la población indígena —ya no es posible saber cuánta gente rara murió en el genocidio que llamamos Conquista de América.

Porque es gente rara. Para el fundamentalismo la única gente “normal” es el varón blanco maduro. Se excluyen mujeres, jóvenes, ancianos, homosexuales; ya lo decía Simone de Beauvoir. son gente defectuosa, incorrecta, mal hecha, inferior, irregular, anómala. En fin, que no es gente, pues.

Rubén Darío escribió sobre “los raros”, o sea, que no se avenían a la estética dominante. Como en Venezuela desde Apacuana y Guaicaipuro. Y Miranda, Bolívar, Rodríguez, Bello, Juana La Avanzadora, Páez. Menciono a Páez porque quiso emparejarse con la oligarquía adoptando la estética dominante —que no tiene nada de malo sino cuando pretende ser la única. Páez quiso ser oligarca y todavía la oligarquía pregona chistes hirientes sobre su torpeza social, su vulgaridad, su ignorancia. Porque la oligarquía no perdona por más que te le arrastres como un tuqueque. Solo te tolera muerta.

Durante esta etapa de la historia latinoamericana hemos visto surgir movimientos de ultraderecha como Macri, Bolsonaro, Moreno, María Corina Machado, Voluntad Popular, trampantojos de Trump, Ciudadanos, Vox, Liga Norte, Amanecer Dorado y neonazismo surtido. La tragedia es que ya no hay derecha sino ultraderecha. También la podemos llamar neofascismo y neonazismo. En algunos casos es paleonazismo, como en Ucrania, donde después de la Segunda Guerra quedaron células nazis dormidas, acechando su oportunidad de quemar comunistas como en Odesa en 2014.

No solo nos queman sino nos silencian. El chavismo protagoniza marchas multitudinarias que no se muestran porque no son gente “blanca y de trato” como las escuálidas marchas de la ultraderecha, que sí pasan los filtros de los medios hegemónicos mundiales.

No nos han exterminado de vaina.

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