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Sobrevivir con dignidad

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Bruno Renaud.- En el año 1959 se imponía en Cuba un modelo socio-político, fanáticamente defendido por muchos y no menos ferozmente rechazado por otros. Hasta el día de hoy, este modelo – en términos sociológicos, no necesariamente éticos –  sigue siendo un criterio automático, muy eficaz para diferenciar a los buenos de los malos:. Es decir: los juicios preceden cualquier examen o esfuerzo de conocimiento.

Los Estados Unidos nos han enseñado la lección. Lo que ellos imponen, en adelante debe ser idéntico a nuestros juicios, o, de hecho, a nuestros prejuicios.

Fuera de la invasión frustrada de la Bahía de Cochinos,  pasaron en Cuba casi 60 años sin fuegos ni encontronazos militares irremediables.

Los yankees habían aprendido del fracaso. No sólo aprendieron tácticas, sino también estrategias.

Su mejor ataque iba a ser la amenaza eterna, pero no concretada en la guerra. ¿Quién gana esa guerra no librada? Vayan a buscar en el párrafo anterior donde están los buenos y los malos. Es evidente: la victoria cubana – sobrevivir, y mantener la bandera de la dignidad – sigue siendo inmensa hasta el día de hoy.

Pero,  ¿a qué precio? Uno: el de posponer indefinidamente el desarrollo para que todos tengan de comer.

Dos: tener que sustraer ingentes fondos  económicos de donde no hay, para tener las garras siempre afiladas, aun sin guerra.

Y tres: tener que hacerle frente a la guerra mediática, donde la continua mentira capitalista le lleva una morena al modelo cubano, permanentemente desacreditado.

En consecuencia, inmenso es el éxito militar y humano de Cuba: contrarrestar los fuegos y defender la dignidad. Pero sigue siendo un costo pesado para los demás países del Tercer Mundo, obligados a inventar sus propias soluciones. Admirar, sí; pero no imitar.

Ya sabemos: sobrevivir con pena, sudor y férrea disciplina, no es ninguna hipótesis minúscula para los “condenados de la Tierra”.

Tendremos que vivir austeramente, siempre creativos, no aflojar para nada una disciplina de hierro, y… andar nacionalmente armados hasta los dientes.

En nuestra querida Venezuela, puede ser que el esfuerzo por vivir con dignidad nos obligue a repensar el tamaño de nuestros objetivos, nuestras posibilidades, nuestros ideales.

Bruno Renaud
Sacerdote de Petare

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