Se supo todo

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Llegó la hora de hablar, Felipón. Felipón Arrechedera estaba sentado en la mesa al frente de un pabellón con baranda y al frente de su esposa Amaranta de Arrechedera. Cuando ella le dijo esas palabras, Felipón pensó: “Ya le fueron con el chisme. Ya le dijeron que estoy saliendo con Pepa La Salerosa. Yo sabía que este pabellón con baranda no era gratis. Y yo que creía que tenía controlado ese secreto”.

-Tú dirás, mi amor –le dijo Felipón con mucha diplomacia. Amaranta de Arrechedera miró fijamente a su esposo y pensó: “Ese mi amor no le sonó nada natural. Se nota que está nervioso. Además, es la primera vez que cenando me dice mi amor”. Felipón tomó su cuchillo y tenedor y empezó a disfrutar su pabellón con baranda.

– Se nota que lo hiciste tú, mi amor. – ¿Por qué? –preguntó Amaranta. – Porque tiene tu sabor. Tu sexualidad. Amaranta vio para el techo. Suspiró. Y volvió al ataque. -Felipón, solo te pido que seas sincero conmigo. Antes en este país había muchos secretos, ahora es casi imposible tener aunque sea uno solo, con tanto celular y videos y facebook, instagran – dijo Amaranta.

– Te soy sincero, mi amor. Este pabellón es lo mejor del mundo. Felipón, mientras disfrutaba el huevo frito que estaba encima del pabellón, pensaba. “Parece que no sabe lo de Pepa la Salerosa, porque ya me lo hubiese dicho. Parece que es otra vaina lo que me quiere decir”.

– Bueno, mi amor. Dime qué secreto estás guardando por ahí que no me lo quieres decir –le dijo Felipón. – Tú eres el que no quiere hablar. Yo siempre soy la última en enterarse en esta casa de lo que pasa en la familia – le contestó Amaranta.

Entonces Amaranta se puso de pie y fue a la nevera. La abrió y tomó una botella de vino. Volvió a la mesa. Tomó el sacacorcho y abrió la botella. Sirvió en dos copas y las puso sobre la mesa. Cuando todo esto estaba pasando, Felipón temblaba, porque llegó a imaginarse que Amaranta estaba celebrando que se iba de la casa, porque sabía lo de Pepa La Salerosa.

-Desgraciado. Tú no pensabas contarme ese secreto. Levanta esa copa y vamos a brindar porque hoy me enteré de que Marisela está preñada y vamos a ser abuelos. Felipón levantó su copa y pensó: “Nos salvamos, Pepa”.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print