Saquear lo público

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El término privatización nunca debió ser satanizado por la sociedad. Lo realmente cuestionable es que políticos -adecos y copeyanos electos por ciudadanos- la practicaron en 1990 y sus neoliberales de 2019 piensan repetirla. ¿Cómo negociar bienes y servicios cuya naturaleza corresponden exclusivamente a la ciudadanía?

Axioma de Trump: “Nada de lo que deba ser estatal permanecerá en manos del Estado”. La oposición venezolana, desarticulada en 49 sectas, piensa gobernar -si llega- arrodillada ante el aforismo de Donald.

Esta vocación privatizadora se hace pública y notoria. Originada en su -mal disimulada- filosofía, que pinta de cuerpo entero el rumbo de su visión, a tono, con el modelo neoliberal de los Gobiernos de derecha de Colombia, Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Paraguay.

Es intensa su voracidad privatizadora. Tanta que opinadores de oficio -economistas, ellos- dejan todo de lado para afiliarse a esta ofensiva neoliberal de nivel mundial. Que paga.

Escriben artículos, para vendernos este pescado descompuesto que ya tuvimos que padecer en los 90, evidencias de este desmantelamiento con robo y latrocinio- del Estado venezolano nos llevó al despojo, en un año, de más de 25 empresas. Notables Viasa y Cantv.

En Argentina la onda llegó en 1989. Todavía hoy padecen las consecuencias.

Es codiciosa la perspectiva privatizadora para Venezuela siglo XXI. Incluiría derechos de explotación mineral -oro-, e hidrocarburos -Pdvsa-, servicios eléctricos, comunicaciones, bancos oficiales, tierras, aguas y ejidos del Estado; como los derechos económicos marítimos y lacustres.

Da terror la grandiosidad del saqueo previsto de nuestras riquezas, que encajarán los privatizadores, que llevarán a cabo este posible y terrorífico latrocinio.

La privatización de los servicios públicos fue una de las medidas “recetadas” por el FMI y el Banco Mundial a fines de los 80 y principios de los 90. Aplicada por los Iesa Boys: Moisés Naim, Ricardo Hausman, Miguel Antonio Rodríguez, gestores del paquetazo. Que dio como resultado el Caracazo y sus más de 4.000 muertos.

El corolario: La privatización de servicios públicos en Venezuela convirtió a las empresas estatales en fabulosos negociados, entre privados y funcionarios corruptos. ¿Asistiremos con los Guaido-Boys, sin Leopoldo, a una repetición de este sobrecogedor espectáculo?

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