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Roberto Hernández Montoya | ¿Quién mató a Diana Quer?

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La matamos todos. Me explico:

Sí, ahí está preso alias El Chicle, el acusado, y ve a saber de qué andurrial de la delincuencia en el que se dice que vivía sacó ese mote tan sugestivo de tantas cosas, feas todas. Lo sacó del mismo antro de donde se saca la convicción primitiva, primate, mamífera, ancestral, de que toda hembra -no mujer- está para que el macho -no hombre- disponga de ella según el vaivén de sus hormonas, y si ella se resiste pues se la estrangula y se esconde en un pozo sito en un galpón abandonado. Y ya. No todos hacemos eso, hay bomberos que arriesgan su vida por salvar mujeres, por ejemplo. No lo hacemos, pero es una opción patriarcal. No te violo ni mato, pero la cultura me instiga y avala -ahí está el drama.

Porque “El Chicle” no habría operado solo sino en la ecología de su entorno íntimo; hasta su compañera lo habría encubierto de la violación que se cuenta que perpetró a la hermana de ella hace 13 años. Y de la de Diana. Pero es también su entorno nacional machista, que mata mujeres como cacería menor. El machismo venezolano, execrable como todo supremacismo, da risa comparado con el del «macho ibérico», ancestro de nuestro «macho vernáculo», que así se llaman esos íconos repugnantes que nos trajeron Colón y sus muchachos junto con la contrarreforma y la Santa Inquisición, para civilizarnos, se entiende. En esos galeones llegó también el padre Palmar, arropado por la Conferencia Episcopal y la manga de pederastas que la rodea, quiéralo o no. Míralos. Y el entorno mundial, que ha colocado en la cumbre a un patán machista, racista, y vanidoso de su ignorancia como el anaranjado Trump.

Porque “El Chicle” es un soldado más de la infantería de forajidos que, entre otras hazañas, se dedican a violar y matar mujeres como unos divertidos chavales que se hacen llamar “La Manada”, que violaban chicas en los San Fermines, entre un toro y otro.

Es tanto más grotesco por cuanto la mar de mujeres lo hallan “normal”, como una que declaró: “mi marido me pega lo normal”. Esa frase le sirvió al juez Miguel Lorente Acosta para titular su libro sobre La agresión a la mujer: realidades y mitos.

Es indignante cómo este contexto patriarcal que vengo prosando envilece algo tan exquisito como la vida sexual.

@RHM1947

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