OPINION
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06/02/2010 12:00:00 a.m.
Roberto Hernandez Montoya: Corrupción de intelectuales
Algunos países protegen a sus intelectuales como protegen ríos y montañas. Porque un intelectual es un valor. Y, como valor, puede tener precio y volverse mercancía y entonces el pintor pinta del color que le manda el mercado o el novelista cuenta como le cuenta el editor que quiere la clientela.
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Algunos países protegen a sus intelectuales como protegen ríos y montañas. Porque un intelectual es un valor. Y, como valor, puede tener precio y volverse mercancía y entonces el pintor pinta del color que le manda el mercado o el novelista cuenta como le cuenta el editor que quiere la clientela. Porque el intelectual-mercancía no tiene público sino clientela. En capitalismo, es inevitable volverse mercancía. Cuando no somos mercancía somos clientela, que viene dando lo mismo. Pero peor es vivirlo inconscientemente y sin luchar. Se acepta una invitación del Departamento de Estado a recorrer la Unión, de la Embajada a una o a muchas recepciones, se recibe una inocente beca Guggenheim, Rockefeller, Fulbright, que permite desarrollar una investigación con la única condición de señalar que esta investigación se hizo gracias a una beca de la Fundación Nosequé. Te vas deslizando de una concesión a una desviación. Porque, ¡vamos!, ¿no sería ridículo publicar una investigación antiimperialista pagada por el Imperio? Además, tu ficha puede volver a salir... Y por ahí te vas arrastrando hasta llegar a lo que ya sabemos. Como dice Edgar Morin, de una concesión inocente a una desviación cándida se pasa del Sermón de la Montaña a Torquemada, de los Manuscritos económico-filosóficos de Marx al Gulag. Y se termina diciendo sí trabajo para la CIA, chico, ¿y qué fue?. Me lo han dicho. No estoy inventando nada. Eso es lo que ocurre individuo por individuo. Hay cosas peores, cuando un país entero, tan poderoso como Francia, es aislado y sus Renoirs y Voltaires actuales invisibilizados y silenciados. El 21 de noviembre de 2007 la revista Time dedicó su crónica de portada a la decadencia de la cultura francesa: Admirada en otra época por la excelencia dominante de sus escritores, Francia es hoy un poder que languidece en el mercado global de la cultura. Aude de Kerros en su libro El arte escondido (lArt caché, París: Eyrolles, 2007) denuncia precisamente esta mercantilización. En Venezuela padecemos un sector de personas cuya única obra de valor la hicieron cuando fueron de izquierda. Es triste, porque su nueva clientela no cree en ellos y perdieron el público con el que tuvieron el amor bonito.
ROBERTO HERNÁNDEZ MONTOYA
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