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Ramón Guillermo Aveledo | Disculpe

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“Se presta el yesquero solo si el cigarrillo ha sido comprado en este establecimiento. Disculpe”. Lo leí en un kiosco callejero afuera de un mercado caraqueño, una de estas frías mañanas decembrinas. Hace rato habíamos vuelto a la venta detallada de cigarrillos, uno de tantos síntomas de la economía deprimida, pero ya es otra cosa que la candelita para encenderlo se reserve a los clientes. Y es que la cosa no está como para regalar gas, los yesqueros también están caros y escasos.

Compramos kilo y medio de tomates y tuvimos que pagarlos en otro puesto. Nadie lleva treinta mil bolívares consigo. Pero ese es apenas uno de los artículos de la compra navideña en el mercado. Mi esposa fue por lo demás mientras yo esperaba para cancelar. En la cola del punto para pagar, el tema de conversación es la escasez de efectivo. La gente quiere guardar los billetes en su poder “para cualquier emergencia”. Hace un año el Gobierno nos puso a todos de carrera porque iba a sacar de circulación los billetes de 100. Ahora escasean los de todas las denominaciones y, de todas maneras, habría que cargar pacas de ellos para adquirir lo más necesario. No hablo de compras grandes o más o menos lujosas, sino de consumos normales, si se consiguen. El proceso para pagar es lento porque no abundan los puntos y la comunicación con los bancos no siempre es buena y, como es lógico, las líneas están congestionadas y cercanas al colapso.

Disculpe. A la cachapa no le puse mantequilla porque no hay -me dicen en una arepera. Disculpe, el azúcar del café se la debo, porque no hay. Oigo en otra. ¿No hay azúcar? ¿Y ese no era uno de los “proyectos bandera” del abastecimiento soberano? Refrescos solamente se consiguen de ciertos sabores. En otra arepera, dos batidos de frutas, no de las que queríamos, sino con las que tuvimos que conformarnos, porque, disculpe, no hay, nos costaron treinta mil bolívares cada uno. Y con todo el dolor de mi alma le di su aguinaldo a la aseadora de los baños, porque escasea el efectivo y tuve que sacarlo de lo que tenía para el parquero. Disculpe, no hay esto. Disculpe, no hay lo otro. Hace tiempo no viene. Hace días que no nos llega. Son las frases más repetidas en la ciudad de la vida real, esa que no aparece en las cadenas de propaganda ni viven los jerarcas.

Tres noches antes del 24, Las Mercedes, siempre congestionada en estas fechas, tenía tránsito fluido y casi todos los negocios cerrados. Disculpe, es la Navidad revolucionaria.

@AveledoUnidad