¿Quiénes protestan?

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El auge de los movimientos sociales en este año, algo asombroso por la forma espontánea en que armonizan la lucha social y la lucha política, nos está diciendo que los pueblos afloran en movimientos de hombres y mujeres de acción diaria, sin endosos de viejos paradigmas, sin complejos y con la palabra puesta en la consigna, en las redes, en la pancarta o en el muro para decir sus verdades, sus necesidades, su protesta, su ¡ya basta!

Son los movimientos campesinos, indigenistas, obreros, ecologistas, feministas, o de los estudiantes que luchan por la gratuidad de la educación, de los pensionados, de los oficinistas o de los educadores, como tantos otros. La gente está saliendo a las calles de países donde el neoliberalismo ya no respeta la dignidad humana, se pasó de la raya y esclaviza y cosifica en el trabajo diario a los seres humanos.

Estos movimientos sociales son los que protestan y fortalecen los cambios que vive América Latina. No crean que otros son los protagonistas, pues, sucede que estos movimientos se ampliaron, se multiplicaron y asumieron la posición más relevante en esa confrontación entre los sectores populares y los gobiernos neoliberales causantes de los desastres sociales, como la privatización de lo que constitucionalmente son derechos sociales gratuitos, por ejemplo: la educación y la salud. Algo más, es imposible apartar la política de la lucha social para impedir su contenido revolucionario.

Hoy hablan los movimientos sociales desde las calles de Chile, de Haití, de Colombia o de cualquier otro país. Pero también hoy, con mirada fija, oteando el horizonte, siglo y medio y un poco más de aquel célebre Manifiesto, nos preguntamos: ¿Cuál es ahora, en tiempos de globalización y sorprendentes avances de las tecnologías de la comunicación, el sujeto social de la revolución? En cita que hace Roberto Regalado de un fragmento extraído de “La historia me absolverá”, Fidel dice:

“Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan; la que anhela una patria mejor, más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia; la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando cree en algo o en alguien, sobre todo cuando cree suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre”. ¡Es el pueblo!

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