¿Qué hacer?

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El Bautista tenía un vocabulario rugoso. Portador de fuego. Pero precisamente por eso, la gente se dejaba fascinar por ese hombre rudo, sin condescendencia. “¿Qué debemos hacer?” ¿Fundar un nuevo partido político? ¿Lanzarnos todos en una gran manifestación de protesta como la de los Chalecos Amarillos de Ultramar?”… ¡Nada de eso! “¡Que cada uno se acuerde de la miseria de su pueblo! Si uno tiene varias mudas de ropa, ¡que comparta con quien no tiene! El que tenga de comer, ¡que le dé a quien está pasando hambre!”

Venían algunos empresarios: “Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?” ¡No suban artificialmente los precios de la comida! “¡Aténganse a los precios establecidos!”. No podían faltar: vinieron hacia Juan funcionarios y policías. Medio arrogantes, medio asustados: “Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?”. Juan les fustigó en plena cara: “¡Ladrones! ¡No abusen de la gente! ¡No hagan denuncias falsas!”

Preocupados por ese profeta incómodo, se acercaron también algunos guardias nacionales, guardianes de las rutas del país: ¿qué nos dirá ese denunciador de injusticias? “Dinos, Juan; ¿qué tenemos que hacer nosotros?”. “¡Dejen de montar alcabalas para extorsión de camioneros y transportistas! ¡Conténtense con su sueldo!”

Con estas instrucciones vibrantes, Juan anunciaba al pueblo una buena nueva: en el horizonte la justicia iba a ganar esta guerra; el “reino de Dios” iba a transformar la vida.

Mientras tanto… “el pueblo estaba en la duda”. Se preguntaban interiormente si ese hombre denunciador de estafas podía tener una función política frente al imperio. Pero la áspera denuncia y la intransigencia del profeta marcaron su destino. En una fiesta de lacayos borrachos, un pretexto cualquiera fue suficiente: a Juan le cortaron la cabeza.

Pero lo anunciado vino, siguiendo dos trayectorias radicalmente diferentes. La primera: el levantamiento en armas de Jerusalén contra Roma fracasó: firmó una salida, brutal y sanguinaria por parte del imperio. El fiasco total mató por siglos el sueño judío. Pero la otra salida, bien diferente, dio nacimiento a la buena nueva, todavía actual: a pesar de las apariencias, en silencio, el mundo de paz y justicia había llegado. “Nació el redentor”…


Sacerdote de Petare
brunorenaud00@gmail.com

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