Pueblos en rebelión

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Los pueblos del mundo se rebelan. Lo hacen contra un sistema explotador y excluyente que privilegia a pocos y atenta contra muchos. En los últimos días, América Latina ha pasado a la vanguardia en la lucha contra las criminales políticas neoliberales.

El pueblo de Chile, la vitrina del capitalismo en la región, levantó su voz -tras años de letargo- para decir ya no más a la injusticia y al saqueo de sus riquezas. Se mantiene en las calles en contra de las políticas de Sebastián Piñera, que usa la represión para silenciar el clamor de la mayoría. Ya van decenas de muertos y miles de heridos.

En Colombia, donde reina el paraco Álvaro Uribe y hay una matanza de líderes sociales, el régimen de Iván Duque se hace el sordo ante el descontento de los colombianos, que en menos de 15 días han realizado tres paros nacionales para rechazar las reformas que arrebatan derechos sociales. Las amenazas y represión no han hecho mella en las protestas, que con el paso de los días van en aumento.

En Ecuador, el pueblo está en una calma latente, luego de obligar -a través de sendas protestas- al gobierno del converso y traidor Lenín Moreno a echar para atrás un paquete de medidas neoliberales impuesto por el FMI. El gobierno de derecha, que llegó al poder con los votos de la izquierdas, reaccionó a la derrota con una atroz persecución judicial contra la disidencia política.

Y en Bolivia, la derecha –con la complicidad del inefable secretario general de la OEA, Luis Almagro,- sacó sus colmillos y echó del poder a Evo Morales. Sin sonrojo alguno, la autoproclamada presidenta Jeanine Añez y sus milicos callaron la protesta popular a fuerza de plomo. Con la biblia y la cruz en mano mataron a decenas de indígenas.

Honduras y Haití también se mantienen en las calles en pie de lucha. Decenas de ciudadanos de esos países han caído víctimas de la represión.

Ante este despertar de los pueblos, los gobiernos de la derecha, aliados de EEUU, miran hacia otro lado y centran el foco en reprimir las protestas con los militares en las calles y toques de queda, acciones propias de las dictaduras.

Mientras, los gringos, en una actitud injerencista, anuncian que van “ayudar” a “los gobiernos legítimos” a evitar que las protestas sociales “se conviertan en sublevaciones”. ¿Será que buscan reditar un nuevo Plan Cóndor? “No se puede confiar en el imperialismo ni un tantito así”, decía el Che.

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