Paradojas venezolanas

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Sin duda contradictorios lectores nosotros los venezolanos estamos llenos de sorpresas y paradojas. Mucha gente atribuye esto a nuestro gran y hermoso mestizaje. Otros a la herencia española. Sin embargo, la cuestión es que resultamos bastante confusos, contradictorios, paradójicos a la vista de muchos de los países, que nos empiezan a conocer -¡por fin!- como consecuencia de la diáspora.
Nuestras cualidades, que son muchas, según mi opinión de venezolana de varias generaciones, pasan por dos cuestiones que nos conducen a esa paradoja, ¿podrá entenderse como un dilema? El primer punto es relativo a la sensibilidad. Esa sensibilidad hace que este sea un país de artistas: música, pintura, poesía, escultura, cine, fotografía, teatro, entre otras artes, se nos hacen especialmente cercanas y fáciles: pasa por esa enorme sensibilidad.

En oportunidades, hay personas que no creen en esa sensibilidad, que según observo está a “flor de piel”. No obstante, esa maravillosa sensibilidad es -¡oh paradoja!- lo que nos hace ser, en términos coloquiales, muy enrrollados, susceptibles, bastante resentidos y en oportunidades descalificados y descalificadores. ¡Nótese que empecé estas palabras señalando lo contradictorios que somos y, según mi opinión empírica, complicados a la hora de tratarnos.

Por momentos me siento confundida, después me doy cuenta de que sí, en efecto, los dilemas se nos presentan constantemente: así nos encanta la música, pero dejamos de lado a los músicos venezolanos. Nos gusta conversar y hablar, no somos conscientes de que en la Iglesia, en el cine, en clase, en otros espacios también, debemos permanecer en silencio, para escuchar de qué se trata y no hacer preguntas impertinentes.

La molestia cuando alguien nos hace esperar, es patética, pero sí somos nosotros lo que esperamos ¡Qué fastidio! Vemos lo que hacen los demás con ojo hiper crítico, pero cuando hacemos lo mismo, ya no importa porque lo hice yo. Es decir, “la paja en el ojo ajeno” siempre molesta, no en el propio.

Creo, como bien ha dicho el extraordinario psicólogo que es el Dr. Manuel Barroso, el cambio empieza en nosotros. No es novedad. Muchos lo dicen convencido. La cuestión es ponerlo en práctica. Ser mejores, siempre es posible. Hay varios caminos para lograrlo.

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