Orgía

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La imbecilidad ha entrado en fase de orgía. Las fotos de Guaidó con unos forajidos montaraces son desorbitadamente escandalosas, pero más estruendosas son las “explicaciones” que dan él y sus monigotes. Un huracán de imbecilidades. Pero todavía más atronadora es su desfachatez.

Lo más grave no es la mentira, tanto más execrable por cuanto es deliberada, sino su indigencia intelectual. Otrora el bandidaje montaba catedrales ideológicas, con bibliografías y notas al pie. Ahora les basta proferir borricadas como “pero tenemos patria” o “¡Maduro, coño e tu madre!” —perdona la ordinariez, pero eso es lo que dicen, no son palabras mías, que siempre procuro sean las mejores de la tribu y me dicen que a veces lo logro cuando tengo suerte. Han entrenado a su manada a expresarse con ese verbo no solo inane sino procaz. No sorprende por cuanto su modelo es Donald Trump, que tú me dirás.

Con razón sus otros modelos son Bolsonaro, Macri, Duque, Uribe, Vox, Le Pen, Boris Johnson, Pompeo, Maricori y cerebros de ese mismo jaez y laya. Y encima se autoproclaman la gente decente y pensante de este país, dicen sus simplezas a todo gañote, con la barriga parada y la convicción de que todo el mundo tiene el deber de pensar igual, si es que eso es pensar, quiero decir.

Hay que cuidarse de las ideas estúpidas porque con ellas se hicieron el Holocausto y te robaron Citgo, por ejemplo. Con boberías así quemaron mujeres en la Edad Media y personas por estas calles porque “parecían chavistas”, lo que en su magín zopenco constituye delito tan abominable que merece gasolina y candela.

¿Es exagerado hablar de fascismo? En todo caso es lo que Shakespeare llama “the insolence of office”, que podríamos traducir como ‘la insolencia del poder’. Esa insolencia llevó a José Pérez Venta, responsable de derechos humanos de Voluntad Popular, a descuartizar a Liana Hergueta alegando que “se me pasó la mano”, como a quien se le rebosa un café, como se les pasa la mano en sus “casas de pique” a los custodios de Guaidó en su trocha escusada a Colombia. Por eso te acusan de lo que les dé la gana sin una sola prueba. En su arrogancia les basta abrir la boca para decretar la verdad.

La imbecilidad nunca brilló bajo tiniebla más espesa.

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