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¡Nos toca inventar!

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Bruno Renaud.-Hace menos de una semana, el papa Francisco participó en un encuentro que resultó de gran interés para “Repensar el porvenir del continente europeo”. En el marco de la organización de los obispos de Europa, intervinieron algunos “pesos pesados” de ese episcopado internacional. “¿Cuál es nuestra responsabilidad, cuando va cambiando la faz cultural de Europa, cada vez más marcada por la diversidad de culturas y religiones? ¿Acaso aparece el cristianismo como elemento de un pasado lejano y foráneo?”, se preguntó. Amplitud de la pregunta, generosidad de la investigación, interés estimulante de las respuestas, válidas para el viejo continente. No se trata de copiarlas.

Sin embargo, frente a la pobreza creativa de nuestro episcopado -tan solo capaz de discriminar repetidamente su voz, siempre en favor de la mismísima corriente social o política-, uno se siente llevado a desear en nuestro país la realización pujante de un foro contradictorio, para avivar la diversidad de problemas y posibles soluciones.

En Venezuela, nos toca inventar. Demasiado a menudo el ser humano es tan solamente un “civis”, un ciudadano dotado de privilegios para consumirlos pasivamente; o un “miles”, un militante combatiente al servicio del poder; o también un “servus”, un objeto de intercambio desprovisto de libertad y condenado al trabajo para medio sobrevivir. Y ¿cómo corregir estos vicios que parecieran a veces sumergirnos?

No habrá respuesta individual ni corta. Habrá necesidad de ventilar en comunidad, con agudeza, los problemas y sus causas, y proponer con entusiasmo -es decir, con amor, con “pasión fría”- un amplio abanico de respuestas posibles. Habrá que aprender a vivir en la diversidad en vez de la uniformidad; con creatividad en vez de servilismo; con generosidad en vez de mezquindad; con fe en vez de desespero. Si la Iglesia católica no ha sido capaz, a lo largo de los años, de manifestar esa originalidad y alegría, ¿de qué ente social puede esperarse? ¡A buscar se ha dicho! Debe haber una salida esperanzadora. Estamos llamados a favorecer el diálogo político, amenazado de parte y parte. Volver a dar dignidad a lo político. En favor de una paz que incluya en vez de excluir. Creo que no hay alternativas.