Negociación

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La persistencia en el fracaso de las llamadas negociaciones que se han intentado infinidad de veces entre el gobierno y la oposición, está determinada por la recurrencia de un mismo fenómeno de intolerancia expresado siempre por la oposición en cada oportunidad, precisamente por su falta de criterio político para enfrentar ese escenario.

El solo término “negociación” es en sí mismo controversial, porque remite más a una transacción de tipo comercial o corporativa que un acercamiento de puntos de vista políticos, como en efecto tienen que entenderse tales encuentros.

A la intensa confrontación existente se ha llegado, en primer lugar, por la progresiva distorsión de conceptos que debieran ser universales, pero que la oposición ha tergiversado adrede en la búsqueda de potabilizar entre el pueblo su propuesta discursiva y hacer de alguna manera justificable la violencia que ha desatado cada vez que ha querido imponerle al país su punto de vista.

De ahí que conceptos como “Libertad”, “Democracia”, Dictadura”, signifiquen en la narrativa opositora exactamente lo contrario de como la humanidad los entiende, porque en su estrategia no es de ninguna manera conveniente aparecer como exponente del modelo neoliberal capitalista, en virtud de lo cual el disfraz de progresista le es obligatorio.

¿Cómo “negociar” entonces con quien de entrada sostiene como sus supuestos intereses los mismos que su contrario en la mesa, solo que no puede reconocer o aceptar que, en su caso, dichos intereses, por los cuales ha luchado en las calles y va a defender en esa reunión, están viciados de falsedad?

Toda búsqueda de acuerdo político en la que alguien que alegue ser vocero de alguna idea de libertad promueva a la vez una invasión extranjera, estará destinada al fracaso.

Como lo estará si quien dice luchar contra la dictadura como forma de gobierno, es el mismo que considera legítimo a un autojuramentado por el cual nadie ha votado jamás para Presidente. O, si ese mismo interlocutor sostiene que la democracia no es válida cuando gane el que ganó sino el que siempre pierde.

Fácil no es. Pero, aún así, hay que perseverar en el diálogo como demostración al mundo que sí hay alternativas civilizadas a la invasión. Quienes lo objetan demuestran que no tienen la razón.

Alberto Aranguibel
Comunicador e investigador

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