Nacionalizar el diálogo

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Es una especie de aforismo que pretende darle más ritmo a la política criolla. Algunos pretenden convertir el proceso de la negociación en algo parecido al ambiente de una gallera. Así: permitir que se discuta públicamente con los participantes y poder negociar con ellos por qué argumentaron de una forma y no de otra, y lo que han debido decir y cuáles términos deben utilizar para ser más convincentes.

Otros pretenden que el equipo de negociadores les expliquen en TV cuál es la estrategia que utilizan y por qué usan una táctica y no otra, que a ellos les parece más inteligente.

Piden que se explique, a través de los medios, los objetivos de su posición negociadora y los resultados que aspiran lograr; así como el nivel y grado de valor que le otorgan a cada tema y el por qué.

Grandes dudas surgirían al tener que explicar al tuitero @histericón, la manera en cómo se defiende con firmeza una posición mientras que se muestran menos tenaces en otros temas. Que revelen a cada uno de los 40 partidos de la asamblea qué asunto estiman importantísimo, ejemplo: sobre la composición del CNE mientras justifican cuál tema dejan en segundo lugar.

¿Será este escenario del absurdo que plantean al exigir que el asunto se nacionalice? Mientras, se intenta ocultar algo que es necesario nacionalizar de verdad y que no pueden explicar. ¿Cómo es eso, de que Trump, Abrams y Pompeo sean los que impúdicamente decidan todo lo que debe o no decir o hacer y deshacer el autoproclamado?

Y este control foráneo es tan terrible y fuera de juicio que se ha llegado a unos límites adonde la dignidad, la honra y los valores pierden su sentido. Hoy es noticia -criminis- que va quedar como un página histórica del oprobio, el dato de que la remuneración del autoproclamado y el de su gabinete secreto es pagado con fondos de la Usaid.

Otro tema que debe nacionalizase son los millones de dólares que el Boy Scout voraz ha recibido y nadie sabe a dónde han ido a parar. Ejemplo: los 70 millones de Citgo, lo recaudado en el Cúcutazo y la renta mensual de monómeros colombianos, que se reparte con Calderón Berti, Julio Borges y los otros héroes del cartel Bogotá. Ese dinero el poco letrado lo esconde con mano ligera en fondos insondables. Sigamos enumerando, ¿qué asuntos faltan por nacionalizar? Su memoria y cuenta de 6 meses de boberías más TIAR.

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