¿Mujeres sacerdotes? (2)

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

La semana pasada nos preguntábamos si era cierta la opinión de que los primeros sacerdotes de la Iglesia Católica fueron mujeres. A cada época esta tesis vuelve a encontrar nuevos defensores. Pero esta es un grave error. No hubo sacerdotes – ni hombres ni mujeres – más o menos antes del siglo tercero después de Jesucristo. Los cristianos no querían sacerdotes (ni hombres ni mujeres), porque tenían la convicción de que los sacerdotes venían del paganismo y del judaísmo. Por eso, Jesús es el único sacerdote, durante dos siglos.

Ahora la pregunta va dirigida hacia el porvenir: ¿podría haber en la Iglesia mujeres sacerdotes en un plazo previsible? La respuesta, variada, es sintomática de la opinión progresista o conservadora en la Iglesia. Hoy, las instrucciones papales son uniformes: desde los papas Pablo VI a Benedicto XVI, pasando por el largo pilar de tradicionalismo que fue Juan Pablo II, no hay ninguna discusión abierta. La argumentación de estos grandes intérpretes es categórica: no toleran siquiera la opinión adversa.

Y sin embargo, el punto de vista dogmático o doctrinal es fundamental. Merecería una discusión caliente… cosa poco tradicional en la historia de la Iglesia. ¿Tendría acaso miedo, la santa Iglesia, de una sólida discusión?

Dos ejemplos capitales, desde el libro de los Hechos de los Apóstoles, ponen de relieve la necesidad de la polémica abierta. Primero: ¿acaso hay que pasar por el cuello de botella estrecho que representa la estricta observancia de la ley judía, para ser discípulo de Cristo? Felizmente dominó el “¡No!”, gracias al judío san Pablo. Y el segundo modelo: ¿acaso tienen que ser judíos desde el nacimiento los ayudantes de los apóstoles? Otra vez: “¡No!”. Mientras tanto, antes de darse la mano para la paz, todos estos santos varones estuvieron bien cerca de… ¡ meterse una mano! Prueba de la sinceridad y la importancia de la controversia.

¿Mujeres sacerdotes? Hoy, predomina el “no” que engendra una crisis. Es imposible que dure esta parálisis. A plazo, sería la ruina de la Iglesia. Pero múltiples veces, la Católica ha manifestado claramente su poco atractivo por el suicidio. ¿Para cuándo una fecunda disputa?

Sacerdote de Petare brunorenaud00@gmail.com

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print