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Mística y política

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Bruno Renaud.- En el curso de la campaña electoral reciente, ciertos obispos del país no tuvieron mucho empacho en intervenir “a tiempo y destiempo” en el quehacer político. Cosa poco excepcional, lo hicieron a menudo con escaso sentido de la objetividad, la necesidad y la urgencia. ¿Para utilidad de quién?

En los inicios del siglo cuarto, cuando el imperio romano se convirtió a la fe cristiana, los obispos se convirtieron a la causa imperial. En el banquete que concluyó la primera reunión episcopal de la época, en un arranque de emoción mística el emperador Constantino se dirigió a los comensales obispos y pronunció aquella frase histórica: “¡Ustedes son los obispos de lo que está dentro de la Iglesia, y yo soy el obispo puesto por Dios de lo que está fuera de ella!”. Como un solo hombre, los obispos se pararon y aplaudieron frenéticamente. Así quedó sellado el contrato de concubinato entre ambos poderes; un modelo soñado, para muchos, de la alianza entre el cielo y la tierra. Este concubinato tuvo realizaciones diversas, pero el objetivo fue casi siempre idéntico: intervenir en la vida política para darle un curso más oscurantista.

Pero como lo dijo un hombre de letras en el siglo 19, “todo comienza en mística y concluye en política”. Muy pronto, Papas y príncipes intentaron jalar la cobija cada uno de su lado, por motivos que nada tenían que ver con la gloria de Dios o el servicio al pobre. Fue inevitable y sanguinaria la larguísima historia de guerras y tormentas entre los dos poderes, aliados o enemigos… Hubo gente como el papa Gregorio VII, emperador de los emperadores; o Bonifacio VIII, “soberano de todos los monarcas”; o el exaltado dominico Savoranola, que quiso dar a la fe la tarea de dirigir políticamente la ciudad.

¡Muy instructiva, la teoría política de ese monje! Frente a los peligros que amenazan la sobrevivencia de la república de Florencia, Savonarola estima que el orden del espíritu debe regir y dominar el orden de la naturaleza. “Florencia, si quieres que tu gobierno sea estable y fuerte, ¡tienes que volver a tu Dios!”. Por eso, Savonarola propone una serie de medidas concretas que tocan la vida social (riqueza y pobreza, propiedad privada…), la vida sexual (¡relaciones extra-maritales, homosexualidad!), la organización económica de la ciudad (negocios, impuestos)… y en caso de desobediencias, nuestro monje confía a algunas bandas motivadas la tarea de “convencer”, sí o sí, a los reticentes. Interpretación de la edad media: ¡que el verdugo se encargue de ellos!

Moraleja: lo pretendidamente espiritual, destinado a controlar el gobierno de la ciudad, es siempre peligroso.

Bruno Renaud

Sacerdote de Petare

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