Lucidez agobiante

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Es rico decir bolsearías, lo atestiguan las payasadas, que nos hacen reír porque nos despeinamos y nos desparramamos ya que por allá abajo reprimimos la pulsión de la ineptitud y cuando se desata descargamos el placer secreto de la mentecatez. No nos atrevemos a ello y para tal tenemos la payasada, ese heroísmo que nos libera de las amarras de la inteligencia, esa pesada carga que hasta los tontos tenemos el deber de fingir, cual penitencia. Obliga a estar todo el tiempo alertas para que no se nos caiga un chinazo.

Por eso envidio las mentes estólidas, que no se dan cuenta o no les importa decir chorradas. Uno dice, por ejemplo, que hay que poner hospitales que abran las 24 horas y de noche también. Otra sostiene que a Guaidó lo apoyan miles de países. Tal aquella que proponía capitalismo “popular”, que en la misma vena nos autoriza a sugerir esclavismo libertario o feudalismo socialista. O uno que celebra el sancocho de “suapara” para hacerse simpático en la región de la sapoara y solo consigue lo contrario con ese chinazo. Como cuando confunde Chivacoa con Coquivacoa, que total riman.

Otro dice que confluirán en las calles manifestantes de los cinco puntos cardinales. Aquel de allá denuncia: “Si me matan y me muero”. O la que para fanfarronear de experta informa que hay estudios de qué hacer con los barriles vacíos, lo dice en un país petrolero y se queda tan pancha, cogiendo aire para la siguiente burrada. Parece que aún no se ha dado cuenta de que metió la pata. No le digan nada, para que siga feliz.

Es la ideología de la estolidez y la clave de este artículo. La lista es larga y crece. Cada vez que esa dirigencia declara cojo a divertirme, con mi bol de cotufas. No hay que descuidarnos porque nos podemos perder que los Estados Unidos tienen miles de años de amistad con Italia. Que no es solo la bobería sino la ignorancia desfachatada de quienes hablan de chaburros y maburros. Debemos poner atención porque son quienes más risa dan.

Hay quienes corrigen y hasta piden perdón, pero no la mayoría, que se arrequinta con el capitalismo popular. Es que no se pueden pedir peras al horno. No solo es sabroso ser imbécil, lo más placentero, amén de cómico, es encima creerse “la gente decente y pensante de este país”.


Escritor
@rhm1947

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