Los que ya no están

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El cine venezolano pasa por lutos de inesperada dimensión, y la circunstancia es generada por el fallecimiento de creadores de intensa estima nacional. Los más recientes son Joaquín Cortés, (a quien nos referimos recientemente), caro amigo, de talento considerable, gran fotógrafo, productor audiovisual, maestro, diseñador de redes audiovisuales de creación en varias instituciones, un ojo especial para captar en la cámara lo indecible.

Y en los últimos días: Michael New. Este último, como muchos de nuestros creadores, tuvo como espacio de acogida al estado Mérida y allá se le llora entre amigos, recordando anécdotas y episodios de vida anhelante. Para el venezolano común es él el creador de la versión fílmica de “Cubagua”, la novela de Enrique Bernardo Núñez, y de “Florentino y el diablo”, ícono de nuestro cine y la mitología nacional en síntesis combinada y heteróclita.

Pero muy dolorosa nos pareció la pérdida también del Carlos Brito, querido amigo, desde el cine y la poesía escrita (De paso por el frío, Al borde de Dios, Pica y se extiende, Vecindades y Luz y sombra de la gloria), pero además guionista e investigador, realizador de cerca de veinte documentales para la Villa del Cine y otros medios o empresas. Su deceso nos sorprendió inesperado y terrible. En abril se fue Levy Rossell, actor y director de teatro, cine y televisión, docente, animador de teatro, desde muchas perspectivas, un oficio que a los implicados se les convierte en un sello en el alma, sin posibilidad de exilio (como en otro ausente: el querido Armando Gota).

Pero, además, el año pasado dijo adiós Diego Rísquez, quien hizo de su acercamiento al cine la amalgama de sus conexiones con diversos oficios de las artes, un comunicador social con conciencia de los hilos invisibles que ponen en contacto diversas fibras sensibles traducidas en modos de interpretar una realidad tan compleja como la nuestra. Allí quedaron: Bolívar, sinfonía tropikal (1979), Orinoko, nuevo mundo (1984) y Amérika, terra incógnita (1988), Reverón (2011). En 2015 dirigió El Malquerido, recontando la vida de Felipe Pirela. Y en fin ¿cuáles no serían sus sueños siguientes? Este triste recuento reconoce el gesto del Festival de Cine de Mérida (que este año se vino a Caracas), el cual hizo homenaje a las figuras de Joaquín Cortés y Pablo Antillano, quienes hicieron de sus vínculos con el arte de la creación y la generación de opinión su gala permanente.

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