Los países de Tintori

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Es completamente normal encontrarse hoy con escuálidos que afirman categóricos en cualquier lugar y a todo gañote, que la oposición habría obtenido su mayoría en la Asamblea Nacional gracias al voto de más de catorce millones de venezolanos.

El argumento es exactamente igual al esgrimido en 2013 por el entonces alcalde Gerardo Blyde en la reunión del diálogo convocada en aquella oportunidad por el presidente Nicolás Maduro en Miraflores, según el cual la Constitución venezolana vigente se debía al voto de todos los venezolanos, chavistas y opositores, que votaron en su referendo aprobatorio, unos a favor y otros en contra. Una absurda sumatoria que convertiría a Fernando VII en Libertador de Venezuela. Porque mientras Bolívar luchaba por la independencia, él luchaba para evitarla.

Tal afán sumatorio solo tiene una explicación. Que, frente al reiterado fracaso de la oposición en la fórmula democrática del voto, no le queda otro remedio que instaurar la idea de que son mayoría usando esa poderosa herramienta a su servicio que son los medios de comunicación. En definitiva, la gente nunca ve los votos de ninguna elección, sino a los funcionarios que dicen a través de las cámaras cuáles fueron los números de la misma.

Por eso, a partir de cierto momento, la oposición dejó de interesarse por las elecciones. Un gasto de dinero virtualmente tirado a la basura porque siempre pierden. El “negocio”, para ellos, está en usar los medios para construir su mayoría. Una mayoría mediática.

De ahí que ya no tengan líderes sino artificios de mercadeo político, como los denomina la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez. Cualquier bemba ‘e perro puede ser ahí líder si cumple con los requisitos mercadotécnicos que el medio exige.

Líderes que consideran que su función es la de mentirle al mundo agregándole siempre una cantidad mayor a las cifras que ellos mismos hayan dado previamente como “sus números”. De modo que, aún sin haber participado en elecciones, llega el momento en que pueden permitirse declarar enfáticos que cuentan con más de 90 o 95% de respaldo popular.

De esa demencial lógica aritmética que usan para fabricar mayorías artificiales, incrementando números ante las cámaras, es de donde surgen los “miles de países” de Lilian Tintori.

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