Lloviendo sobre mojado

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Sí ya se ha dicho, y hace falta repetirlo, lloviendo sobre mojado, hasta que sea permeable a nuestra conciencia política pues se trata de un tema transcendente como es la comida del Pueblo, el modo de producirla, quién la produce, cómo se produce y quién tiene el dominio de los bienes de producción, de la tierra productiva.

Transcurridos tres siglos sigue la estructura hegemónica que constituye una atadura para la independencia económica y la justicia de la clase campesina.

Federico Brito Figueroa en su libro Estructura económica en la Venezuela Colonial expreso que “En los Siglos XVII y XVIII se consolidó el poder colonial en el oligopodio de la tierra -Hoy oligopolio agroindustrial foráneo- antaño bajo la dirección de la metrópoli española, hoy bajo la hegemonía de las transnacionales de los alimentos” a quienes no hemos logrado frenar.

Orlando Araujo en Venezuela violenta describe las consecuencias de la derrota de la Guerra Federal y el pacto traidor y entreguista firmado en Palma Sola. Dice que “muerto Ezequiel Zamora, los principales jefes liberales hicieron causa común con el enemigo y en un acuerdo de conciliación capitularon ante el bando contrario. Llegados al gobierno, los liberales sustituyeron la oligarquía conservadora por la suya propia muy afrancesada, muy moderna y en ciertos aspectos progresista, pero eso sí, dejando intacto el latifundio y los privilegios”.

Estas condiciones permitieron a los comerciantes importadores, exportadores y prestamistas adquirir dominio económico e intentar luego obtener preponderancia política, al gozar de especial confianza por parte de las firmas metropolitanas, una capa social conocida como Alto Comercio que constituye el nexo directo de Venezuela con el mercado mundial capitalista.

La segunda capa se dedica al comercio intermediario, integrada en su mayoría por venezolanos que adquieren sus mercancías en los puertos y efectúan sus ventas a los minoristas.

Aún no hemos superado muchas de estas situaciones, por eso están pendientes temas como el latifundio, las clases sociales dominantes y la influencia geopolítica de la potencia armamentista imperial que dentro de sus doctrinas tiene la convicción de ser la nación que debe dirigir el mundo, para que sus intereses estén a salvo, y devela una paranoia genética con sus continuos ataques a quienes imagina sus enemigos. Aun cuando “no es seguro que el enemigo exista realmente, lo indispensable para la guerra no es el enemigo sino la imaginación”(James Hillman). Por eso preguntamos los venezolanos, ¿somos una amenaza? ¿Qué tipo de amenaza representamos en el paranoico drama del imperio?

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