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Legitimidad desquiciada

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Alberto Aranguibel B.- Insólito el desparpajo de la derecha hoy en el mundo, enfrentándose como lo hace a la opinión pública con el cinismo y la impudicia sobre los cuales fundamenta en la actualidad su discurso.

La vetusta y decadente fórmula de la demagogia como herramienta de comunicación por excelencia de la derecha con la sociedad, ha sido desplazada en su narrativa política con la nueva lógica de la inmoralidad y la desfachatez de la mentira que se sustenta cada vez más en la irresponsabilidad y el desprecio hacia la gente.

Francia, por ejemplo, que acusa de inviable al gobierno de Venezuela, es incendiada de extremo a extremo por un pueblo enardecido que protesta la inclemencia económica de su neoliberal gobierno, pero al que hay que sancionar es al presidente de nuestro país, que no ha hecho sino entregar su mayor esfuerzo en preservar la paz y procurar la mayor protección económica para su pueblo. Trump, que llegó a la presidencia de EEUU por su promesa de lograr el más grande negocio para los norteamericanos con la construcción de un muro que, según él, pagarían los mexicanos, hoy paraliza a su propio  gobierno al perder frente al Congreso la posibilidad de sacarles  del bolsillo a sus ciudadanos el costo del demencial y fascista proyecto.

Ahora en Venezuela, esa misma derecha, obtusa y retardataria como es, designa como su máximo líder a un terrorista, guarimbero a carta cabal, que se estrena exigiendo nada más y nada menos que unas elecciones que ya se hicieron y a las cuales se negaron (él principalmente) con la más cruda e incendiaria violencia que el país haya conocido.

Quien ahora pide esa elección clamando por una “democracia legítima”, fue electo hace tres años con exactamente el mismo sistema electoral que impugna, alcanzando en esa oportunidad un exiguo apoyo de los electores lo que le permitió lograr curul  para apenas 14 de los 167 diputados que integran el parlamento.

Con esa ridícula “legitimidad” pretende revocarle el mandato nada más y nada menos que al segundo presidente más votado de nuestra historia republicana después del Comandante Hugo Chávez.

Esas “legitimidades” desquiciadas, que destruyen la democracia y violentan los derechos del pueblo, son las que acusan de dictadura a los gobiernos populares.

Alberto Aranguibel B.
albertoaraguibel@gmail.com
soyaranguibel.com
@SoyAranguibel

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