Las ventanas rotas

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Con los sucesos trágicos de las torres de Nueva York en el año 2001, se planteó un antes y un después de la geopolítica punitiva en el mundo. Lo primero que se detuvo fue el avance del “garantismo penal” que nació de esas consecuencias favorables del constitucionalismo social surgido al final la II guerra.

En el año 2005, Iñaki Rivera Beiras, Director del Observatorio del Sistema Penal y Derechos Humanos de la Universidad de Barcelona, publicó diez discursos sobre el castigo y los posibles escenarios de la penalidad.

Iñaki dijo para ese entonces, tocando la penetración de la Criminología de la intolerancia y las políticas de “tolerancia cero”, que la confluencia de determinados acontecimientos fue ocasión propicia para el inicio de un tipo de orientación policial que puso en ejecución la tesis de las “Ventanas rotas” que no es otra cosa que la estrategia de perseguir y castigar drásticamente las más mínimas infracciones o incluso meras sospechas.

Hoy desgraciadamente sigue siendo así, siempre apuntando como política criminal contra los marginados, los pobres, hoy también los inmigrantes.

Esta tesis ya venía diseñándose a finales del siglo XX bajo factura norteamericana en aquella política de la “tolerancia cero”, luego tomó su furor castigando la mendicidad, los pequeños hurtos o el grafittis, como ejemplos del ámbito de aplicación de esa política; y así también, por equivalencia, se inició la nueva guerra, no contra la pobreza, sino contra los pobres; no desde un punto de vista asistencial, sino como política criminal muy represiva para proteger a las clases mejor acomodadas y temerosas de la inseguridad, previo, por supuesto, el condicionamiento mediático.

Atrás quedó la Ley del más débil que nos asomó Luigi Ferrajoli como fundamento del modelo garantista que buscaba un cambio estructural en el derecho y en la democracia. Pero ya las cosas no son así, hay gente que cree que la delincuencia disminuye en la medida que aumenta el número de encarcelados, como queriendo sugerir que necesitamos construir más y más cárceles como base institucional de la sociedad para la sobrevivencia en el mundo de la inseguridad.

Más allá de los velos con los que el castigo ha sido cubierto una y otra vez -advertía el libro de pequeño formato que adquirí en una librería de Buenos Aires- sus formas han ido variando y sus contornos han adquirido expresiones cada vez más irracionales.

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