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¿La calidad es un eslogan?

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Aurora Lacueva.- Nuestra educación pública es “gratuita y de calidad”, dicen voceros oficiales. ¿Qué entenderán por “educación de calidad”? Lo que fue un esfuerzo promisorio se ha venido reduciendo a una frase hecha, porque la creciente crisis económico-social es un huracán que arrastra a su paso mucho de lo que se había logrado iniciar. Los testimonios abundan: malandros que roban la comida destinada a los escolares; escuelas técnicas magníficamente dotadas hace doce o quince años que hoy están desvalijadas, y cuyos estudiantes traen herramientas de su casa si quieren hacer una limitada práctica; planteles con gran rotación y vacíos en su personal docente, que deja la profesión buscando mejores posibilidades económicas…

Hacen falta acciones para asegurar a las y los escolares desayuno y almuerzo completos, junto al transporte, en todos los planteles oficiales y subvencionados, todos los días de clase. Y las políticas “en grande” de vivienda y salud para las y los docentes son imprescindibles: en un ambiente de hiperinflación, poco se gana solo con un aumento salarial. Mas, desde luego, lo fundamental es abrir un camino exitoso para resolver la negativa situación económica. Lamentablemente, el gobierno del presidente Maduro no ha sabido encontrar ese camino y los errores se han reforzado unos a otros en una impresionante espiral descendente. El mismo presidente, según este diario en su edición del 15 de abril, “reconoció que hay errores que deben corregirse y esquemas que deben perfeccionarse”. Un día antes había sido más específico y expresó: “Tenemos que combatir el minimalismo, que es uno de los males más grandes que sufre la revolución”. Se refería a “hacer lo mínimo”, a conformarse. En verdad, lo más urgente a corregir son las políticas macroeconómicas, que tienen que ver con el déficit fiscal, el control de cambio, la deuda externa, las inversiones, etcétera, pero no deja de ser acertada la autocrítica. He tenido oportunidad de ver al minimalismo en acción: cómo buenos proyectos se concluyen precipitadamente, “para cumplir”, sin alcanzar lo que hubieran debido ser. Y cómo luego no se les hace seguimiento: el buen uso de las canaimitas, la revisión cuidadosa de los textos gratuitos, la concreción de positivas ideas pedagógicas de la última reforma curricular…

Aurora Lacueva

Lacuevat@hotmail.com

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