OPINION | 18/06/2011 12:48:18 p.m.
Jorge Semprún
Es que Semprún merece respeto porque nunca se faltó el respeto. Ni a nadie. Criticaba y respetaba, que no es fácil en este mundo donde hormiguean Silvio Berlusconi y Pablo Medina, que no se pueden respetar porque no se respetan
0 comentario(s)
|
28855 lectura(s)
Recordar a Jorge Semprún, fallecido el 7 de junio pasado, es invocar que fue comunista, antifranquista, resistente en Francia contra la ocupación hitleriana, evadido de campo de concentración nazi, crítico del estalinismo, guionista de películas fundamentales como Z, La guerra ha terminado, La confesión, autor de La segunda muerte de Ramón Mercader y de otros libros también esenciales.
Es recordar cómo criticar la izquierda tradicional sin volverse un bufón escabroso de la burguesía. Jean d'Ormesson, honesto y de derecha, hizo su particular obituario de Semprún por la radio France Culture, sin concesiones a su opción política, pero con respeto. Es que Semprún merece respeto porque nunca se faltó el respeto. Ni a nadie. Criticaba y respetaba, que no es fácil en este mundo donde hormiguean Silvio Berlusconi y Pablo Medina, que no se pueden respetar porque no se respetan.
Repito: no hay que envilecerse para oponerse a un gobierno. No hay que irse para la CIA para enfrentar el estalinismo. Ni hacer un pasquincito patético y sin destinatario porque pocos encuentran qué leerle. Al contrario, Leo, Pío Gil o José Rafael Pocaterra ganaron dignidad en ello.
Puede uno estar o no de acuerdo con las posiciones de Semprún a lo largo de su zarandeada vida de hombre de izquierda, que no es fácil, pues siempre o eres demasiado de izquierda para una gente o muy poco para otra. Pero la terminó diciendo y haciendo dos cosas importantes: en febrero dijo que las revueltas del Norte del África conducen a una nueva valoración del mundo musulmán, pues debilita la visión tendenciosa que equipara toda protesta mahometana con terrorismo, pues son revueltas democráticas, de alta tecnología y en las que la mujer cumple un rol decisivo.
Podríamos matizar esa apreciación con la desconfianza que produce la celebración unánime de esas rebeliones por el totalitarismo mediático globalizado, lo que da que pensar en cosas de que no trata esta nota. Eso no invalida la tesis, porque tampoco es que los gobiernos que han ido cayendo eran muy presentables allaota que digamos.
La otra cosa que hizo fue luchar contra el hambre en el mundo. Bello modo de culminar una bella vida.
Aprendamos, pues, de sus errores y sobre todo de sus aciertos, porque son más y muy valiosos.
Roberto Hernández M./roberto@analitica.com
www.ultimasnoticias.com.ve