Ideas insepultas

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Pocas cosas son tan fuertes en la naturaleza humana como una idea. De hecho, el cómo se construyen las ideas sigue siendo en parte un enigma y es objeto de estudio en distintas ciencias, desde las sociales, pasando por las del comportamiento, hasta las biológicas; sin convenciones a la vista. Una persona obstinada o un grupo de ellas con una idea son capaces de modelar los futuros. Tan incierto es el origen de una idea, como su destino. No podemos saber cuándo muere una idea o si solo permanece latente hasta que surgen condiciones que aseguran su reproducción y exposición. Lo que si es cierto es que detrás de una idea siempre hay intereses. Algunos sostienen que la única manera de erradicar una idea es desaparecer a sus portadores, y lo han intentado, pero sin éxito. Es posible hacer una taxonomía rigurosa de las ideas, pero solo será eso, pues la valoración de las mismas siempre será un hecho subjetivo.

En América son tiempo telúricos y son las ideas dadas por muertas las que causan los movimientos. La derecha argentina creyó en la derrota irreparable de las ideas que el peronismo ha venido promoviendo e hizo gala de la superioridad de su postulado neoliberal, además de estimar un camino llano. Poco tiempo después tuvieron a la gente en las calles y a la vuelta perdieron las elecciones.

En Chile la dictadura quiso erradicar las ideas de justicia social, participación y otras asociadas al socialismo. Con sangre y fuego se forjaron una pantalla que daba cuenta del éxito de su modelo, con una democracia castrada. Al final solo pospusieron la salida de un pueblo, que ahora pide nada menos que Asamblea Nacional Constituyente. Quienes agreden a Venezuela, Bolivia y Cuba buscan afectar la idea del socialismo, aún muy imperfecta; y comprometer su futuro de cualquier manera posible.

La derecha con su intereses subestima la latencia de las ideas que le son alternativas, pero quienes la confrontamos debemos ser cuidadosos y no reproducir su comportamiento. Ahora, ya que no podemos extinguir las ideas del contrario, ni a quienes la portan (como los fascistas), entonces ¿qué camino nos queda? Solo uno donde no se pretenda colonizar al contrario, donde puedan ofrecer razonamientos que afecten el fundamento de las ideas que se sostienen y exponer un marco alternativo, donde un aspecto fundamental es la preeminencia del bien común. Donde las personas sean sujetos y la prédica tenga expresiones en la vida cotidiana de cualquier ciudadano.

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