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Hasta siempre, Conejín

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Laura Antillano.-  Acabo de tener noticia del fallecimiento de José Castillo este jueves 14 de junio 2018. La noticia me desconcierta y al mismo tiempo me hace pensar en todo el arrojo, el aguante, el coraje, de este hombre, de este artista, de este periodista, de este maestro creador, portador de un cáncer desde hace tanto, y al cual enfrentó como si tal cosa, aún en ausencia de su esposa e hijos, de toda su familia, quienes fenecieron antes que él.

Castillito, como todos le decíamos, era un Castillote, era un coloso de la alegría y la ternura, y su mundo creativo lo acompañaba desde el “pensamiento, palabra y obra” de un modo particular, como si su naturaleza desde siempre hubiese estado moldeada en función de un corazón prístino, de un destino definido desde un más allá desconocido, e insospechado.

Su personaje, Conejín, era como una miniatura de sí mismo, un conejito dibujado directamente en el celuloide, cuadro a cuadro, trabajo de filigrana, creando ese maravilloso personaje con el cual viajó por el mundo y obtuvo reconocimiento en países tan exóticos para nuestra latitud como Dinamarca (cuna del mismísimo Hans Christian Andersen) y hasta  Japón.

Rafael Straga, los hermanos Rodríguez y otros amigos, contribuyeron a crear una especie de fundación para proteger a este ser excepcional, sus vecinas que le rodeaban en los bloques del “23 de enero” igualmente hicieron lo suyo acobijando a José Castillo en su soledad y su enfermedad.

Pero un halo de profunda convicción, de quién era y cuál era su misión,  lo salvaba de cualquier revés. Él estuvo siempre tan seguro de que lo que pensaba, lo que construía, lo que imaginaba y hacia trascender, era absolutamente valioso, que nunca le vimos ni siquiera pestañar con alguna duda ante la lucha por sus propias contiendas.

Los hermanos Rodríguez realizaron un documental sobre su vida, su contexto, su peculiaridad, que le retrata muy auténticamente. Ese documental debería ser material de escuelas, liceos, universidades, cine-clubs, museos, para que nuestro querido José Castillo se imprima en el alma de muchos, incluso de quienes no han nacido todavía.

Nadie tan humilde y tan empeñoso, nadie tan premonitorio y soñador, nadie tan dispuesto a no dejarse vencer por las vicisitudes. Me hace pensar en esa oración del poeta cubano Eliseo Diego cuando dice que “Todos los cuentos cuentan un solo cuento: la lucha de un joven contra las tinieblas”, porque eso fue Castillito hasta el último momento: Un joven luchando contra las tinieblas.

Nuestro cine mucho le debe: el empeño de hacer animación, el de construir nuevos universos de ensoñación y ternura, el de enfrentar las mayores miserias con el deseo grandilocuente de crear otros mundos mejores.

Que brille para él la luz perpetua, y que desde donde esté nos siga cobijando con su empeño y su ternura.

@LauraAntillano

Laura Antillano

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