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OPINION | 17/12/2010 06:27:38 a.m.
Gustavo Merino Fombona: Tierra cultural
Los lenguajes y actos, conductas y gestos de la canica terráquea, son manifestaciones de moralejas indetenibles. El reacomodo de los suelos, de las aguas y de los aires, derivado de la magna industrialización, de la gigante tecnologización y del imperante manicomio de las colmenas del concreto mixto de la construcción prolija y ciega, nos advierte una posible extinción

Los lenguajes y actos, conductas y gestos de la canica terráquea, son manifestaciones de moralejas indetenibles. El reacomodo de los suelos, de las aguas y de los aires, derivado de la magna industrialización, de la gigante tecnologización y del imperante manicomio de las colmenas del concreto mixto de la construcción prolija y ciega, nos advierte una posible extinción.

Lo terráqueo, lo líquido y lo gaseoso escupen pedagogía. Nos llevan de la mano a visualizar una esfera cubierta de piedra gris y sin recursos en un mañana próximo. Lo que profetiza una acelerada carrera a buscar nuevos planetas para volver a ensayar la civilización con mejores órdenes culturales.

Los paradigmas climáticos derivados de mandos errados públicos, privados y mixtos repetidos en casi todas las naciones, han disparado a la humanidad a una existencia de caja de fósforos con utensilios amnésicos para monoimaginar, unitematizar, vivir de un solo modelo. Desmoronándose, sin sentir la plenitud de los conceptos hondos y de los integrales paisajes, necesarios para conversar con el alma antes de fallecer. Pareciera que el espíritu humano fue lanzado en caída libre a vivir craneal y espiritualmente en un vómito de piedras y escondites, bajo la excusa involutiva de los monstruosos léxicos urbanos, que tragan todo canto y amor.

Parar las megaurbes, con densidades insostenibles, más afecto y menos hijos. Bajar las enfermas asimetrías de 500 urbanizaciones por cien metros de espacios verdes, sociales, religiosos, recreativos, o culturales. Hay que posicionar la querencia del hábitat en su concepto y aplicación. Es utópico sostener este globo con la plataforma hiperdesarrollista.

La sensibilidad y el mínimo sentir no se interpretan en el diseño de las ascendentes metrópolis. La mano del hombre y de la mujer en las entrañas de toda materia natural nos llevará a lo invivible. Hay que retomar la contemplación, el cielo como inspiración del diseño cualitativo y materializar un terreno cultural o usaremos el tiempo y el dinero futuro en un ciclo vicioso de reconstrucción eterna, en postdesgracias. Debe prevalecer la tierra cultural o deambularemos en las galaxias buscando otra residencia para cometer los mismos errores.

Profesor UCV-Unimet / policulturalidad@yahoo.es

Gustavo Merino Fombona


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