¡Goodbye Juan!

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La semana pasada marcó la fecha de salida del escenario bélico político de dos personajes que casualmente comparten el nombre: el venezolano Juan Guaidó y el gringo John Bolton. Y tal coincidencia se produce porque, además de la homonimia, tienen otra cosa en común: ninguno dio los resultados esperados por quien los colocó en sus respectivas posiciones, es decir, Donald Trump.

El despido de Bolton, en lo que respecta a Venezuela, dice que su estrategia fracasó y será reemplazada. La opción belicista sale (al menos temporalmente) de la mesa del jefe del imperio. Lo más probable es que establezca una negociación directa con el Gobierno venezolano. Por supuesto, con bloqueo económico y máxima presión, como ha mostrado ser el estilo del magnate de la Casa Blanca.

Así mismo, el tiempo de Juan Guaidó como protagonista de la última avanzada de Washington sobre Venezuela se terminó. Han pasado nueve meses y Maduro sigue en Miraflores, cuando la aparatosa jugada de EEUU para derrocarlo, según sus cálculos, debió durar un mes, máximo dos.

En este contexto, lo más interesante de las fotos de Guaidó con Los Rastrojos es lo que tienen de señal del cambio de estrategia gringo. La evidente relación del “encargado”, y la oposición en general, con los narcoparamilitares no es algo que sorprenda a nadie. Lo que llama la atención es que estas imágenes salgan a la luz ocho meses después de tomadas y dos meses después de que los personajes allí retratados fueran capturados en Colombia. Es ahora, cuando es “descartable”, que las fotos sirven para estigmatizarlo y así poder sacarle el cuerpo.

La lógica de los acontecimientos indica que Guaidó será investigado en Venezuela por sus vínculos con los terroristas y perseguido policialmente. Como sabe que su muerte política es inevitable, no querrá ir preso, entonces huirá fuera del país. En el exterior, por más bulla que haga, su imagen se irá diluyendo en favor de los partidos políticos que están en Venezuela, quienes reorganizarán el liderazgo opositor y se adaptarán a la nueva línea de la Casa Blanca.

Debe saber que si se va para Colombia su vida corre peligro real, a sus “aliados” de allá les sirve más y sale más barato muerto que vivo. Por lo que lo único que le queda por hacer es organizar su despedida y escoger bien su destino final.

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