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Gobernar la economía tóxica

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María Alejandra Díaz.- En Venezuela la visión capitalista hiperespeculativa se internalizó en el sector económico (banca y comercio) hasta tal punto, que hoy cuando tras cinco años de ataque sistemático, buscan arrebatarnos nuevamente el poder adquisitivo, devuelto a los trabajadores por el Estado y el Presidente Maduro mediante un audaz y certero programa de recuperación económica.

Sector económico insurrecto, fuera de toda regla y comportamiento racional. Empresarios, comerciantes y banqueros sólo saben multiplicar ganancias al infinito. Tras saquear el Estado y a los trabajadores, cínicamente declaran “no saber dividir tres ceros”, ni cómo pagar impuestos ni créditos, mucho menos salarios dignos a sus trabajadores.

Frente a esta insurrección, el Estado está en el ineludible deber de proteger la soberanía de los trabajadores y consumidores, defender el ingreso, el consumo y el salario, y hacer retornar el equilibrio en las relaciones económicas y la sindéresis de sus actores mediante la aplicación severa de la ley.

El programa híbrido diseñado para enfrentar la guerra irrestricta aplicada al país, busca inutilizar las armas del enemigo monetizando los recursos de todos los venezolanos. Sin eludirlo, persigue sanear la economía de mercado, neutralizando la mano visible, quemándola y haciéndole pagar caro, sus tácticas criminales de guerra contra el pueblo.

Si hicieron que nos dolieran los aumentos salariales, debemos hacer que les duela el alza de los precios y sus ganancias exorbitantes, a través de los impuestos a las ganancias descomunales y de la aplicación férrea de los controles, incluida una nueva contabilidad. Bajar el delirio especulativo aplicando sanciones. Castigarlos y reeducarles su cleptofilia empresarial. Poseer una empresa no exime la responsabilidad social, más en una “economía de mercado competitiva” y en el marco de un Estado Social de Derecho y de Justicia.

Aunque no se les impide ganar, su ganancia no debe destruir la capacidad adquisitiva del salario. Controlar la hiperinflación inducida e impedir la especulación de guerra, controlando además los volúmenes y unidades del subsidio que el Estado otorga, sirven de complemento ideal al programa de recuperación económica y así tornarlo invulnerable.

María Alejandra Díaz

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