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El Espejo | José Vicente Rangel: La hora loca

La oposición venezolana dejó de ser una fuerza confiable y útil para el debate democrático. Irresponsablemente se abrazó a una política de fuerza montada sobre la provocación sistemática
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1 Luis Vicente León declaró a los medios de comunicación –la misma noche del domingo 16–, cuando las redes difundían resultados estrambóticos y los dirigentes de la oposición no sabían qué cifras dar, lo siguiente: “Empezó la hora loca. Las cifras que circulan son inciertas y crean expectativas falsas”.

2 Los dirigentes de la oposición se equivocaron patéticamente una vez más. Como lo vienen haciendo desde que el chavismo arribó al poder. Sus fracasos son incontables, graves unos, y no tan graves otros. Pero, en todo caso, reveladores de que siempre marchan en sentido contrario a la realidad. Cuando Chávez aún no había tomado posesión del cargo de Presidente de la República, ya la oposición derrotada, el puntofijismo, comenzó a conspirar y tocó a algunos jefes militares. Unos intentaron un golpe (fallido) y otros se negaron rotundamente a participar en la aventura.

Luego se producirían acciones desestabilizadoras de diversa índole, todas destinadas a desconocer el mandato del pueblo: cuestionamiento de la nueva Constitución, satanizada de manera estridente; paros patronales auspiciados por Fedecámaras, campañas mediáticas feroces hasta rematar con el golpe del 11 de abril de 2000 y el paro-sabotaje de la industria petrolera. En los años siguientes, la oposición continuó en esa misma línea. Perfeccionando algunos aspectos que la conducirían a practicar un método conspirativo en el que la conexión con el exterior, particularmente los grupos ultraconservadores de los Estados Unidos, y la adopción del terrorismo, marca el proceso de conversión definitiva de la oposición en un sector desnacionalizado y definitivamente antidemocrático.

4 La oposición venezolana dejó de ser una fuerza confiable y útil para el debate democrático. Irresponsablemente se abrazó a una política de fuerza montada sobre la provocación sistemática. Con una característica muy marcada: el desprecio por el adversario, el desconocimiento del ordenamiento constitucional y legal de la República y la adopción de formas de lucha política reñidas con la tradición del país.

5 Esa característica de quienes dirigen la oposición ha sido determinante en su actuación pública: logran éxitos circunstanciales que luego echan por la borda; consiguen incrementar su presencia en la actividad electoral, pero dramáticamente despilfarran los logros alcanzados; asumen las victorias electorales con arrogancia, y extreman el odio que los mueve a niveles inimaginables. Cuando consiguen el control de una rama de los Poderes públicos, asumen la victoria como la conquista de una barricada para disparar contra otros Poderes del Estado.

6 De manera irracional arremeten contra la constitucionalidad democrática y desconocen normas y principios de obligatorio cumplimiento en una sociedad democrática. Resulta insólito, por ejemplo, que para una oposición que tiene obligaciones con el país y tareas que cumplir en su relación con la comunidad, se planteé como único objetivo programático defenestrar al Presidente electo por el pueblo. Tal obsesión la conduce a incurrir en gruesos errores, es decir, a optar por la violencia y a dejar de lado las luchas cívicas. Precisamente lo que ha ocurrido en los últimos tres meses, en que la oposición no percibió el inmenso daño que le ocasionaban las formas de violencia que empleaba: saqueos, bloqueo de calles y avenidas, asesinatos, incineración de seres humanos, ataques a instalaciones públicas y privadas, así como a bases militares.

7 También subestimó al chavismo. Se creyó el cuento de que era una fuerza mayoritaria estable y consolidada y que el chavismo no tenía capacidad para recuperarse. La sorpresa del domingo 16, cuando los centros de votación del CNE se vieron desbordados por muchedumbres que permanecieron eufóricas en las colas hasta altas horas de la madrugada del lunes, no se la esperaban ni remotamente. Estupefactos se dieron a la tarea de manejar, caprichosamente, cifras contradictorias. Y para rematar la frustrante jornada acordaron lanzarse a la aventura final: más violencia, un paro nacional, guarimbas y trancazos. O sea, la demencia llevada a la política. O “la hora loca”, según la calificación de alguien que no es chavista, pero sí un buen analista: Luis Vicente León.

► Jorge Rodríguez ha sido implacable en su análisis del hecho electoral del domingo 16. Con una severa capacidad de análisis, una fina ironía y un amplio conocimiento de los procesos comiciales, desnudó la farsa que montó la dirección de la oposición ese día. Puso de relieve las contradicciones en que incurrieron los líderes de la derecha y la manera desvergonzada como le mintieron al país…

► ¿Cómo es posible que esos dirigentes pretendan –montados sobre tan grotesca comedia– justificar una política destinada a crear un gobierno paralelo y a reiterar lo que constituye factor determinante en el fiasco en el episodio, la violencia, con la realización de lo que inicialmente llamaron plebiscito –figura no consagrada en la Constitución– y que luego calificaron de consulta? Es una temeridad pretender que semejante engendro genere derechos y sirva para alterar la constitucionalidad. Que un hecho sin sustento legal, sin auditoría, con resultados que sus promotores cambiaban a capricho, sirva de soporte para derrocar a un Jefe de Estado electo por el pueblo en limpios comicios…

► El liderazgo opositor subestimó una vez más la realidad, y la consulta demostró que perdió fuerza. Que entre la que consiguió acumular para obtener la victoria que le dio el control de la Asamblea Nacional, y lo que acaba de demostrar en la consulta del pasado 16 de este mes, media una distancia considerable. ¿A qué atribuir la decepcionante derrota? A algo que ellos jamás admitirán y que tratan de disimular apelando a variados recursos, entre otros, los de tipo mediático. Me refiero a la violencia. Fue este un factor determinante, que el chavismo supo tratar a fondo. La identificación ante la colectividad nacional de la oposición con la violencia no requirió de mucho esfuerzo: las penurias a que la MUD sometió a los ciudadanos colmó la paciencia de miles de personas, buena parte de ellas opositoras…

► Además, jugo papel decisivo la manera como el chavismo asumió temas como el diálogo y la paz. En el debate de las ideas, de aportes conceptuales, la oposición no hizo ninguno, en tanto que el chavismo potenció la importancia para los venezolanos del diálogo y la paz, escarnecidos con arrogancia por los dirigentes opositores…

►Ahora, la MUD y sus acompañantes, sin reflexionar sobre lo sucedido el domingo 16, y recurriendo a un triunfalismo forzado, típico de aquellos sectores que actúan siempre con prepotencia, ratifica su línea de violencia y se juega a fondo su destino en una apuesta suicida, de todo o nada, sin importarle el daño que le hacen a Venezuela…

►El papel de los ex presidentes que la MUD invitó en calidad de observadores para la jornada del domingo 16 fue deprimente. Chinchilla (Costa Rica) Fox (México), Quiroga (Bolivia), Pastrana (Colombia), todos ellos con prontuarios en sus respectivos países, operaron como voceros de la oposición, se metieron en los asuntos internos del país e, incluso, insultaron al presidente Maduro. En ningún otro país podrían hacer lo mismo. Aquí vinieron a justificar la gruesa paga
que recibieron.